Ariadna. Luego de pasar el día de ayer con Leandro, y que ninguno de los dos asistiéramos a trabajar, hoy sí que había que laborar. Sentada en mi computador, escuché dos toques en la puertas. Sin mirar quien era, le di el permiso de pasar. Tenía que agilizar lo más pronto posible los trabajos acumulados pues teníamos una cena con Mamá esta noche, su vuelo parte mañana a New York. Se pasó estos días con su amiga y ya finalmente es hora de que regrese con papá quien la extraña muchísimo. Casi no compartimos, pero Leandro y yo viajaremos para fin de año a celebrar la navidad con toda la familia. —¿Ya viste la portada del periódico de hoy? — de tan solo escuchar esa voz, rodé los ojos. —Debí mirar quien era. Buen día, Darío. No te toca venir hoy, ¿que buscas aquí? — le miré fijamente. Me

