Ariadna. Me di media vuelta para marcharme, quería escapar de allí porque me sentía rechazada. —No! No te vayas! — sentí su mano en mi brazo sostenerme de manera delicada. Sus penetrantes faroles azules me transmitieron un montón de sensaciones que me hicieron creer que todavía debía permanecer allí. —No me quiero quedar. ¿O me vas a obligar a hacerlo? —le hice fuerza para que me dejara de retener. —Considero que tú y yo ya no tenemos por qué llegar a tanto, nada por la fuerza. Lo que menos quiero es lastimarte. — me soltó. Me encogí de brazos y le presté atención. —No te entiendo ni un poquito, Leandro. ¿Que quieres de mí? No soy una broma. Y me importa una mierda que seas un narco, un asesino u lo que sea! No tengo miedo de decirte las cosas como son. — le enfrenté. —Soy un idiot

