capitulo 7 “A mitad del camino”

1590 Palabras
—¿Vas a seguir mirándome así todo el desayuno? —preguntó Lía con una ceja arqueada y la tostada en la mano. Brooke la miró desde el otro lado de la mesa, con los codos apoyados y la taza de té entre las manos. —¿Así cómo? —Como si estuvieras analizando cada palabra que digo. ¿Es por lo que dije anoche? —Puede. —Brooke escondió una sonrisa tras la taza. —No me mires así, lo sabes tan bien como yo. Mi hermano tiene un efecto extraño en la gente. En la mayoría es miedo. En ti es otra cosa. —¿Y cuál crees que es ese efecto? —preguntó Brooke, arrastrando las palabras. Lía la miró con picardía. —Te desconcierta. Y a ti no te gusta perder el control. Brooke se rió. Era cierto. Ella no era de las que se dejaban llevar por impresiones, mucho menos por hombres enigmáticos con demasiados silencios. Pero Aleksei... tenía algo. —¿Siempre desayunáis tan tarde? —cambió de tema, echando un vistazo al reloj. —Solo cuando tengo clases por la tarde. Y cuando tú te quedas. ¿Por qué? —Porque tengo que volver a casa. Mi madre me matará si no aparezco hoy. Además, tengo turno en el bar. —Bah, todavía tienes tiempo. Quédate un rato más. Mi hermano no vuelve hasta mediodía, probablemente. Brooke arqueó una ceja. —¿Y por qué mencionas eso como si tuviera algo que ver con mi decisión? Lía le sacó la lengua. —No sé de qué hablas. --- Un par de horas después, Brooke recogía sus cosas del cuarto de Lía mientras esta revolvía en su armario buscando una chaqueta que prestarle. No habían salido aún cuando la puerta principal se abrió. Pasos firmes. Silencio después. Brooke se quedó quieta. El corazón, como siempre desde aquella mañana, acelerado. Aleksei apareció en el pasillo. Llevaba una camiseta negra ajustada y el cabello ligeramente húmedo. Se detuvo al verla con la mochila en la espalda. —¿Te vas? —preguntó, sin adornos. —Sí. Solo había venido a quedarme una noche con Lía. Asintió. Luego sus ojos bajaron a sus manos. —¿Tienes trabajo? —Sí. En el bar. Hoy tengo turno largo. Hubo un silencio. No incómodo. Pero sí denso. —Ten cuidado —dijo finalmente. Brooke parpadeó. —¿Con qué? —Con la gente que entra cuando cierras sola. Ella se inclinó apenas hacia un lado, divertida. —¿Eso es preocupación? Aleksei no sonrió. Pero sus ojos se suavizaron por un instante. —Lía dice que eres lista. Espero que también sepas cuándo irte antes de que algo se ponga feo. —Lo hago. Siempre. —Eso está bien. Y sin más, se giró y se alejó por el pasillo. Brooke respiró hondo y se dio cuenta de que había estado conteniendo el aire. --- —Él no se da cuenta, ¿verdad? —le dijo a Lía mientras caminaban hacia la parada del metro. —¿De qué? —Del efecto que tiene. De cómo te mira. O de cómo hace que sientas que te están evaluando cada segundo. —Oh, sí que lo sabe. Solo que no le interesa usarlo como los demás. Aleksei no coquetea. No juega. Él observa. Y cuando actúa, lo hace con un propósito. Brooke no respondió. Porque en el fondo, eso era lo que más le inquietaba. --- —¿Te pasó algo? —preguntó Jenna esa noche en el bar, cuando la vio distraída por tercera vez en menos de una hora. —¿A qué te refieres? —No sé. Pareces... en otra parte. ¿Tu madre te regañó por quedarte a dormir fuera? —Un poco. Pero no es eso. Solo estoy cansada. —¿Cansada o pensando en alguien? Brooke levantó la mirada. —¿Por qué preguntas eso? —Porque cuando alguien sonríe sola mientras sirve café, no es por la máquina de espresso. Brooke negó con la cabeza, pero su sonrisa la delató. —No es nada. Solo... alguien con quien no sé qué pensar todavía. —Eso suena a problema. —O a comienzo. No lo sé. Jenna no insistió. Pero le guiñó un ojo antes de volver a la barra. Brooke se quedó mirando por la ventana. Y no supo qué era peor: si seguir pensando en Aleksei o admitir que ya no podía dejar de hacerlo. --- El turno fue largo, pero tranquilo. Brooke cerró más tarde de lo habitual y caminó con paso rápido hacia la estación. El frío cortaba la piel y apenas había gente en la calle. Sacó el móvil. Un mensaje nuevo: Número desconocido: “¿Llegaste bien?” Frunció el ceño. Luego otro mensaje: “Soy Aleksei. Le robé tu número a Lía. No vuelvas sola a esta hora.” Brooke sintió un cosquilleo extraño en el pecho. Y no supo qué contestar. Lo guardó. No respondió. Pero no dejó de sonreír en todo el trayecto. --- En su habitación, se quitó los zapatos, dejó la mochila a un lado y cayó sobre la cama boca arriba. No encendió la luz. Solo se quedó allí, escuchando los latidos rápidos de su propio corazón. Lía había dicho que Aleksei no jugaba. Eso lo hacía aún más peligroso. Porque si no era un juego... Entonces, ¿qué era esto? --- ALEKSEI Desde su ventana, Aleksei vio el reflejo de su propia figura en el cristal. El móvil aún en su mano. El mensaje enviado. Las dudas instaladas. No sabía qué esperaba. Ni siquiera sabía si debía hacerlo. Pero ver a Brooke salir sola, de noche, con esa mochila sobre un hombro y el paso apresurado... había despertado algo que no supo definir. Protección. Posesión. Miedo. Todas a la vez. Se giró y caminó hacia el sofá. Se sentó. Pensó en ella. En sus ojos de colores distintos. En cómo parpadeaba cuando mentía. En cómo le temblaban los dedos cuando lo rozaban. No debía acercarse más. Y sin embargo... Ya estaba demasiado cerca. --- BROOKE El móvil vibró una vez más sobre la mesilla. Brooke lo miró de reojo. Era tarde. Muy tarde. Y aún así, no podía dormir. Le daba vueltas a todo en la cabeza como si fuera una película que no lograba detener. Mensaje nuevo. Lía: “¿Llegaste bien?” Brooke: “Sí. Estoy en casa. ¿Tú?” Lía: “Con Netflix y helado. Aunque dudo que eso sea tan interesante como la conversación que no tuviste con mi hermano.” Brooke soltó una carcajada silenciosa. Brooke: “¿Sabes que es molesto que tengas razón siempre?” Lía: “Lo sé. Por eso te gusto tanto.” Brooke dejó el móvil a un lado, pero no pudo evitar sonreír en la oscuridad. No sabía cómo llamar a todo eso. Ni qué nombre ponerle a lo que sentía. Solo sabía que estaba empezando a echar de menos cosas que ni siquiera había tenido aún. --- A la mañana siguiente, la clase de anatomía era un muro. Brooke no podía concentrarse. Ni aunque lo intentara con todas sus fuerzas. —¿Brooke? —La profesora la llamó desde la pizarra—. ¿Puede decirnos la función del nervio vago? Ella parpadeó. —Perdón... ¿qué? Risas contenidas en el aula. Brooke se hundió en el asiento. Cuando terminó la hora, recogió los apuntes sin saber muy bien qué había aprendido. Si acaso algo. Mientras caminaba por el pasillo, una compañera le lanzó una mirada. —¿Estás bien? Parecías ida. Brooke dudó. —Estoy... enredada. —¿Con un chico? —No exactamente. —Entonces definitivamente con un chico. Brooke rió y negó con la cabeza. Sí. Con un chico. Pero uno que no estaba hecho para ella. O al menos eso se repetía. --- ALEKSEI —¿La estás siguiendo? —preguntó Aleksei, sin girarse, mirando el monitor de seguridad que había instalado discretamente. Del otro lado, uno de sus hombres asintió. —No la sigo de cerca. Solo paso por el bar a ratos. Cuando sale tarde, me aseguro de que llegue bien. Nada invasivo. Aleksei asintió lentamente. —Bien. Solo quiero saber si hay movimientos raros. No interfieras a menos que sea necesario. —¿Alguna amenaza en concreto? —No. Solo... tengo un presentimiento. El hombre lo observó con curiosidad, pero no preguntó más. Sabía que cuando Aleksei usaba esa palabra, no era a la ligera. Presentimiento. Eso bastaba para poner a todos en alerta. --- BROOKE Esa noche, después del trabajo, Brooke no quiso irse directo a casa. Caminó un poco más. Se sentó en una banca frente al río, con la bufanda bien ajustada al cuello. El aire estaba helado, pero el silencio ayudaba a calmar su mente. Sacó una libreta de su bolso y escribió. No era un diario, no del todo. Solo pensamientos sueltos. Como... “Hay personas que te alteran sin tocarte. Que te desordenan con solo una frase.” Y entonces lo vio. Aleksei, a lo lejos. No se acercó. No dijo nada. Solo estaba allí. Apoyado en una farola. Fumando. Mirándola. Brooke sintió que el mundo entero se encogía en ese instante. Como si el aire cambiara de dirección. Como si él fuera el centro de gravedad de la ciudad. No se acercó. Y él tampoco. Pero con solo cruzar las miradas, lo supo: Aleksei no se alejaba. Solo esperaba el momento exacto para acercarse más. Y ella… Ella lo estaba esperando también.
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