Alistair aprieta la cuchara con tanta fuerza que sus nudillos están blancos. —Stella tiene una memoria... muy creativa —señala él, con una voz que es puro veneno—. Pero dime, Audrey, ¿trajiste los pendientes de la boda? Me encantaría verlos ahora que terminemos la cena. —Deje las cosas en el auto. Voy por ellos. —Con eso se aleja con un caminar rápido, pero sin perder su elegancia. —¿¡Desfile de cabras?! ¿Te volviste loca? ¿Qué coño pretendes? —sisea Alistair cuando quedamos a solas. —Lo siento, solo improvise. —Bien, eres pésima para improvisar. —Ruedo los ojos y una sonrisa tira de mis labios. —Relájate, cucurucho. —Susurro. Audrey regresa con una caja de donde saca una más chica de terciopelo y la abre. —Traje los diamantes que pienso usar con el vestido y quiero tu opinión. —Do

