—Austin no lo decía con malas intenciones, ¿sabes? —dije, estábamos de camino a casa en su auto—. Él solo se preocupa por mí. —Estela, cariño, él dijo que me estaba aprovechando de ti —suspiró, y como si el recuerdo lo molestara se enfurruñó—. Pudo haber preguntado, ser cortés y decírmelo lejos de ti, pero no fue así —desaprobó. «Estela, cariño…». Sacudí mi cabeza. —Fue su forma de decirlo —comprendí, utilizando las misma palabras que le había dicho cuando le explicaba el por qué habíamos terminado. Reese no quiso seguir hablando del asunto, aunque se disculpó conmigo por si alguna de sus acciones me había ofendido. No era así, no me sentía ofendida, de hecho me resultaba gracioso. —¡Es que él creyó que eras pobre! —solté por fin en una carcajada—. ¡Tú! Por dios, quise pegarle —Rees

