Tomaron el vuelo de las 8 de la noche. Gerardo era el más infeliz con la decisión de Rodrigo y para su mala suerte, nadie dio muestras de estar de acuerdo con su inesperada llegada. No dijeron una palabra en cuanto la vieron acercarse hacia ellos ni expresaron sonido alguno cuando ella murmuró un buenas noches, sin embargo, notó que el aire se volvió denso y las miradas se tornaron recelosas. Rodrigo estaba sonriente, actuó como si nada pasara y mientras él estuviera a su lado, nada podía hacerla sentir insegura; ni siquiera las miradas de reproche que le lanzaron cuatro personas a la vez. El joven Sebastián le sonrió fugazmente, Nara apreció el gesto en lo más profundo de su alma. Sebas la trataba bien, con respeto y cordialidad, si no sufriera la presión por parte de sus compañeros de

