Margaret y Leonardo también estaban sentados conversando con ellos, integrándose de forma natural. Era como si todo estuviera… encajando. Y yo… no sabía si gritar de felicidad o llorar del miedo. Era demasiado perfecto. Mientras mamá hablaba con entusiasmo sobre las flores de la boda, Killian se acercó por detrás, me tomó la mano y me susurró: —¿Estás bien? —No —le respondí en un murmullo—. Estoy en shock. Él rió bajo. —Yo también. Pero si tú estás aquí, yo también quiero estar. Vamos a hacer que esto funcione, Aria. Lo prometo. Me giré y lo miré. No tenía la menor idea de lo que se venía… pero por primera vez en mucho tiempo, no me sentía sola. Esta no era solo una misión. Era el comienzo de algo real. Y quizás, solo quizás… valdría la pena arriesgarlo todo. ++++++ Mamá nos lle

