+MARGARET+ Sigo sentada en la banqueta, con las piernas encogidas, los codos en las rodillas y el alma hecha trizas. El viento me revuelve el cabello y siento las lágrimas secas en mis mejillas. Me escucho respirar. Estoy ida. Como si hubiese dejado mi cuerpo allá en aquella cama revuelta. Entonces aparece Theo. —¿Qué te sucede? —me pregunta, frunciendo el ceño, con esa voz dulce que siempre usa cuando algo anda mal. Y claro, yo… yo ando mal hasta los huesos. Lo miro con los ojos brillosos y la garganta apretada. —Abrázame, perra… abrázame —le digo sin pensarlo dos veces, con un temblor en la voz que me delata. Theo no dice nada. Se agacha y me abraza como si el mundo estuviera por romperse. Ese abrazo suyo que huele a perfume caro, a amistad eterna, a confidencia sin juicio. Entonc

