+KILLIAN+ Estaba en la terraza, desayunando solo, disfrutando del raro momento de calma que me regalaba la mañana. El sol todavía no quemaba, y la brisa que corría entre los árboles apenas movía las hojas. Frente a mí, una taza de café casi vacía, un jugo de naranja fresco y una tostada que masticaba lentamente, más por costumbre que por hambre. No me apetecía mucho comer, pero necesitaba parecer funcional. Entonces lo vi aparecer. Leonardo cruzó la puerta de cristal con paso tranquilo, como si no cargara encima una tonelada de problemas. Vestía elegante, como siempre, pero sus ojos lo delataban. Había tensión allí. Preocupación. —Buenos días —me dijo con voz seca, sin la chispa con la que solía bromear cada vez que nos veíamos. Levanté la mirada sin dejar de masticar. —Buenos días —

