Capitulo Treinta y Ocho Santino castigaba su cuerpo de una manera que hacía que todo su interior se sacuda del mismo modos que la tierra se mueve bajo sus pies. La excitación incineran su cuerpo mientras los gemidos llenaba el vacío del gran espacio. Con la mitad del cuerpo apoyado sobre el coso del auto y con el peso del de él sobre el propio imposibilitando sus movimientos, haciendo que apenas si tenga espacio para poder respirar, llenar de aire sus pulmones. Sus embestidas son salvajes en su coño empapado de deseo, rebalsando de ganas, en tanto su dedo pulgar lo había introducido en su ano y de allí no lo había vuelto a sacar. - Ahh ahh. – las uñas de su mano libre se clavaban en los glúteos de ella, mientras y de vez en cuando los separaba para adentrarse aún más en su cuerpo. -

