LA CAÍDA DEL ALFIL En mi juego personal de ajedrez, nuestro lince era el alfil, y pronto caería miserablemente. Ya tenía en mente, un sofisticado proyecto, todo para ella. La había seguido haciéndome invisible. En cierto momento vi que le estaba respondiendo mal a su esposo y que él, pobre y abatido, había ido al supermercado, harto del continuo maltrato de nuestra lince-alfil. Estaban en la gran plaza donde se exhibían frutas y verduras; él se había acercado a las cajas de zanahorias, ella se había quedado atrás y seguía maldiciendo. Aprovechando la ocasión y sabiendo que el alfil solía maldecir durante mucho tiempo cuando comenzaba, salí corriendo hacia el sector donde estaba el papel higiénico, destapé un paquete y fui, silencioso e invisible, hacia la fruta. El supermercado estaba

