capítulo 38

754 Palabras

Uno a uno los vampiros van cayendo a mis pies reducidos en cenizas, mirar en sus rostros el pánico que les provoco es mi único consuelo. En medio del alboroto y la rabia interna que llevo, siento una mirada tan penetrante que arde, miro a mi alrededor pero no encuentro nada, ha de ser mi imaginación. sigo mi caza aún sintiendo el peso de la mirada, pero declino en seguir buscando lo que sea que es. Ya son menos los vampiros, al rededor de unos ocho y de esos me encargo yo... aprovecho la rapidez de la que gozo en estos momentos y bajo a siete, el último como hablado cae en manos del capitán León de un puño en el pecho y mía con la daga-espada clavada en su abdomen volviéndose ceniza y algo liquido viscoso, lo que quiere decir que era una combinación vampiro demonio. Busco con mi mirada

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