De pronto estaba en medio de una nube de arena y gas, el pelaje de Amarok se tiñó de un marrón ceniciento, así como todo al rededor. Vi cómo un grupo de unos seis jóvenes se metían en una comisaría, aunque tuve que suponer que era un cuartel, ya que no entendía el letrero en árabe. Me pregunté qué diablos podía hacer yo en una manifestación en un país oprimido, pero entonces lo comprendí, aquellos jóvenes luchando por su libertad eran verdaderos guerreros dignos del Valhalla. Se me partió el alma en pequeños pedacitos puntiagudos que se me clavaron en el corazón al ver a un niño de unos diez años en medio de semejante caos. A penas pude reaccionar, la policía había disparado a los seis chicos que intentaban a*****r el cuartel con las mismas armas que pensaban robar y avanzaban calle ar

