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841 Palabras

A la mañana siguiente guardé la rosa en una caja opaca para mantenerla en secreto y pasé minutos contemplándola como la obra de arte que yo la consideraba. —¡Lunes!— gritó mi madre al abrir la puerta con ganas de destrozar mi día desde el principio.—Me voy a trabajar.— se abalanzó sobre mí para dejarme un beso en la mejilla y dar media vuelta para huir. —Mamá, creo que hoy voy a ir a casa de Kara después del insti.— ella levantó los pulgares y voló hacia la entrada, ya llegaba tarde. Mi madre apenas sabía quién era Kara, solo conocía lo que me interesaba. No era una mala madre ni mucho menos, ella se interesaba por todo lo que ocurría a mi alrededor y exigía que se lo contara, el secreto estaba en saciar su curiosidad con detalles aburridos (como la preciosa sudadera que le vi a una d

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