Elsa no tuvo fuerzas para gritar, su primer gesto fue agarrarse de los hombros mientras sus colmillos se deslizaban por su cuello. Abrió la boca y el dolor se mezcló con una extraña sensación loca. Clavó sus uñas en sus hombros, él envolvió un brazo firme alrededor de su cintura mientras que el otro se cerró en su cabello. Gotas de sangre se deslizaron por su cuello ensangrentado. Sven cerró los ojos porque su sangre era tanto un placer como una verdadera tortura. Su cuerpo vibraba por completo con cada sorbo, su olor y el sabor de su sangre, electrificaban cada parte de su ser. Se odiaba a sí mismo por haber cometido lo irreparable, esperaba que su hermosa humana lo perdonara. Con mano temblorosa liberó algunos mechones rubios y poco a poco empezó a sacar sus caninos. Cuando finalmente d

