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1681 Palabras

Durante los siguientes días, Elsa y Sven habían pasado la mayor parte del tiempo en la cama, abrazándose. Sven había decidido quedarse aquí en Nueva York, le había presentado su deseo de no regresar a Chicago y al enclave hasta estar seguro de poder manejar la situación. El de no querer matar a nadie que se le acerque. Esta percepción del futuro lo aterrorizaba, saber que podía matar por ella como en los viejos tiempos la hacía terriblemente culpable. Elsa se acercó a la ventana y tiró de la puerta corrediza, necesitaba tomar un poco de aire, respirar, esperar que el futuro no fuera dramático. Regresaron a ella dolorosos recuerdos de la niñez, arruinando el placer de contemplar la magnífica vista que tuvo la oportunidad de admirar. Su corazón se contrajo cuando se acercó a la barandil

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