queridos lector para seguir con lo que vos comenté en el otro capítulo ... Me casé. Tuve hijos. La realidad de mi vida adulta era a menudo tal que pensaba que escribir era un sueño imposible, un sueño para alguien con más tiempo y más dinero que pudiera permitirse el lujo. Al fin y al cabo, me habían dicho toda la vida que si escribir era un bonito pasatiempo, necesitaría una carrera estable en la que apoyarme. Y el tiempo pasó. En los meses previos a mi separación ocurrió algo extraño. Las frases empezaron a pasar por mi cabeza. Las palabras en distintos ritmos sonaban en bucle. Me despertaba con ellos en la cabeza y me acostaba con ellos susurrando. No tendría paz hasta que cogiera un bolígrafo sobre el papel para liberarlos. Podía estar cocinando o bañándome; las palabras llegaban

