Elsa observó los colores del sol naciente, había pasado la noche en los brazos de su marido ... Nunca hubiera pensado en casarse, aunque fuera pequeña se imaginaba del brazo de un príncipe. Los suyos eran especiales y no los cambiaría por nada del mundo. Apoyó las puntas de los pies en el suelo y los empujó para balancear la mecedora que se había detenido. Con su dedo extendió la pequeña servilleta y dejó que su hija terminara su comida en silencio. - Eres magnifica. Ella susurró, sonriendo. Sus grandes ojos con los mismos fragmentos dorados que los de ella se habían abierto. Se parecía a Sven y tenía el mismo brillo hermoso en sus ojos. Su manita se apretó contra sus pechos. Elsa miró hacia arriba e inhaló el aroma almizclado que acababa de entrar. - Buenos días mi amor... El vam

