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1929 Palabras
:. CHAPTER ELEVEN .:. ( I MUST NOT TELL LIES ) EL DÍA SIGUIENTE AMANECIÓ tan plomizo y lluvioso como el anterior. Hagrid tampoco estaba sentado a la mesa de los profesores a la hora del desayuno. -La única ventaja es que hoy no tenemos a Snape -comentó Ron con optimismo. Después de una clase doble de Encantamientos tuvieron también dos horas de Transformaciones. El profesor Flitwick y la profesora McGonagall dedicaron el primer cuarto de hora de sus clases a sermonear a los alumnos sobre la importancia de los TIMOS. -Lo que deben recordar -dijo el profesor Flitwick, un mago bajito con voz de p**o, encaramado, como siempre, en un montón de libros para poder ver a sus alumnos por encima de la superficie de su mesa- Es que estos exámenes pueden influir en sus vidas en los años venideros. Si todavía no se lo hab planteado seriamente qué carrera quieren hacer, éste es el momento. Mientras tanto, ¡me temo que tendremos que trabajar más que nunca para asegurarnos de que todos ustedes rendan a la altura de su capacidad en el examen! Luego estuvieron más de una hora repasando encantamientos convocadores que, según el profesor Flitwick, era probable que aparecieran en el TIMO; remató la clase poniéndoles como deberes un montón de encantamientos. Lo mismo ocurrió, o peor, en la clase de Transformaciones. -Piensen que no aprobaran los TIMOS -les advirtió la profesora McGonagall- Sin unas buenas dosis de aplicación, práctica y estudio. No veo ningún motivo por el que algún alumno de esta clase no apruebe el TIMO de Transformaciones, siempre que se apliquen en sus estudios. -Neville hizo un ruidito de incredulidad- Sí, tú también, Longbottom -agregó la profesora- No tengo queja de tu trabajo; lo único que tienes que corregir es esa falta de confianza en ti mismo. Por lo tanto... hoy vamos a empezar con los hechizos desvanecedores. Aunque son más fáciles que los hechizos comparecedores, que no suelen abordarse hasta el año de los ÉXTASIS, se consideran uno de los aspectos más difíciles de la magia, cuyo dominio tendran que demostrar en sus TIMOS. Cuando la clase termino McGonagall llamo a Lyra antes de que se vaya. -Le juro, Minnie, que yo no hice nada... -Le dijiste a la profesora Umbridge "ridícula" y ni hablar de "sapo gorda y rosa" -dijo McGonagall. -¿Dije alguna mentira, profesora? -preguntó Lyra sonriendo. -Ella misma vino a informarmelo -siguió McGonagall- Y me pedio que te avisara que te agrego una semana más de castigo. -Encima de ridícula es estúpida si piensa que voy a ir a un castigo de ella. McGonagall hizo una mueca. -Lyra lamentablemente ella es una profesora y si quiere te puede castigar todo el año. -Que haga lo que quiera, no pieso ir... -¿Vas a dejar que el señor Potter vaya solo? -No soy su madre -se quejo la rubia saliendo del salón. Por la tarde, cuando llegaron a Cuidado de Criaturas Mágicas, Lyra tenia un humor de perros. El día se había puesto frío y ventoso, y mientras descendían por el empinado jardín hacia la cabaña de Hagrid, situada al borde del Bosque Prohibido, notaron que algunas gotas de lluvia les caían en la cara. La profesora Grubbly-Plank esperaba de pie a los alumnos a unos diez metros de la puerta de la cabaña de Hagrid, detrás de una larga mesa de caballete cubierta de ramitas. -¿Ya estan todos? -gritó la profesora Grubbly-Plank cuando hubieron llegado los de Slytherin y los de Gryffindor- Entonces manos a la obra. ¿Quién puede decirme cómo se llaman estas cosas? -Señaló el montón de ramitas que tenía delante. El mal humor de Lyra desaprecio al instante y al igual que Hermione, levanto la mano. -¿Señorita Black? -Son bowtruckles -dijo sonriendo- Son guardianes de árboles; generalmente viven en los que sirven para hacer varitas, son muy lindos. -Cinco puntos para Gryffindor -replicó la profesora Grubbly-Plank- Efectivamente, son bowtruckles, y como muy bien dice la señorita Black, generalmente viven en árboles cuya madera se emplea para la fabricación de varitas. ¿Alguien sabría decirme de qué se alimentan? -De cochinillas -contestó Lyra antes que Hermione quien bufo por lo bajo- Pero también de huevos de hada, si los encuentran. -Muy bien, anótate cinco puntos más. Bien, siempre que necesiten hojas o madera de un árbol habitado por un bowtruckle, es recomendable tener a mano un puñado de cochinillas para distraerlo o apaciguarlo. Quizá no parezcan peligrosos, pero si los molestan intentarán sacarles los ojos con los dedos, que, como pueden ver, son muy afilados; por lo tanto, no conviene que se acerquen a nuestros globos oculares. -Mi tío los odia -le comento Lyra a Ron- Cuándo era chico el bowtruckle de mi abuelo casi le saca un ojo. -De modo que si quieren aproximarse un poco... Cogan un puñado de cochinillas y un bowtruckle, hay uno para cada tres, y así podran examinarlos mejor. Antes de que termine la clase quiero que cada uno de ustedes me entregue un dibujo con todas las partes del cuerpo señaladas. Lyra nisiquiera tomo cochinillas y se acerco a tomar con delicadeza a un bowtruckle. -Hola pequeñín -saludo. -Dale de comer o te va a arrancar los ojos -chilló Ron con miedo. Lyra podia escuchar a Harry, Hermione y Ron hablar, pero estaba tan interesada dibujando al bowtruckle que nisiquiera les estaba prestando atención. -¡AY! Harry había sujetado tan fuerte al bowtruckle que éste casi se había partido, pero como represalia le había hecho un fuerte arañazo en la mano con los afilados dedos, dejándole dos largos y profundos cortes. -¡Harry! -lo reto Lyra dejando de dibujar. La rubia se agachó para tomar al bowtruckle que el azabache habia dejado caer- No seas bruto y fijate en lo que haces. -El me lastimo a mi -se defendió Harry mostrandole el arañazo. -Por que tu lo lastimaste primero, solo se estaba defendiendo -se quejo la rubia- ¿O solamente esperabas que se deje aplastar por ti? Merlín, a veces eres tan bruto que... Lyra se alejo de sus amigos y se fue a sentar junto a Neville para terminar su dibujo. Cuando la campana repicó por el jardín, la rubia enrolló su dibujo del bowtruckle y se lo entrego a la profesora quien le sonrio. Durante la noche cuando ya no quedaba casi nadie en la sala común, Harry se sento junto a Lyra en el sillón. -¿Estas enojado conmigo? -preguntó Harry tímidamente mirando sus manos- Si es por lo que paso en el la case de Cuidado de las Criaturas Mágicas... No era mi intención lastimarlo, fue sin querer, lo juro, Nix. Lyra bufo y dejo su libro aún lado. -Lo siento, Harry -dijo la ojigris girando para mirarlo- Estaba enojada porque McGonagall me obligó a asistir al castigo de Umbridge y además esa mujer del demonio me agrego otra semana de castigo... -¿Otra semana más? -preguntó Harry sorprendido. -Si -dijo- A lo que iba era que estaba desquitando mi enojo contigo y no esta bien. Asi que lo siento. ¿Me perdonas? Harry sonrio y abrazo a la rubia, para luego darle un beso en la frente. -¿Eso es un si? -preguntó Lyra riendo. -No lo se, quizás esto confirmé tu duda -dijo Harry antes de darle un beso. ↺ A LAS CINCO MENOS CINCO, Harry y Lyra se fueron hacia el despacho de la profesora Umbridge, en el tercer piso. Harry llamó a la puerta y ella contestó con un meloso «Pasen, pasen». Lyra entro seguida de Harry. El despacho de la profesora Umbridge era totalmente horrible, en otro momento, Lyra le hubiese dicho a la profesora que los gatos que estaban en los platos decorativos eran lindos, pero estaba enojada asi que se guardo el comentario. -Buenas tardes, señor Potter, señorita Black. Lyra hizo una mueca de asco al ver a la profesora. -Buenas tardes, profesora Umbridge -repuso Harry. Umbridge miro a la rubia esperando que la saludara. -Hola -dijo y la profesora Umbridge sonrio. -Veo que vamos a tener unas charlas sobre los modales señorita Black. Siéntense, por favor -dijo la profesora señalando dos mesitas cubierta con un mantel de encaje. Sobre la mesa había un trozo de pergamino en blanco. -Esto... -dijo Harry, Lyra puso los ojos en blanco mientras se sentaba- Profesora Umbridge... Esto..., antes de empezar quería pedirle... un favor. Los saltones ojos de la bruja se entrecerraron. -¿Ah, sí? -Sí, mire... Es que estoy en el equipo de quidditch de Gryffindor. Y el viernes a las cinco en punto tenía que asistir a las pruebas de selección del nuevo guardián, y me gustaría saber si... si podría librarme del castigo esa tarde y hacerlo... cualquier otra tarde... -¡Ah, no! -replicó la profesora Umbridge esbozando una sonrisa tan amplia que parecía que acabara de tragarse una mosca especialmente sabrosa- No, no, no. Lo he castigado por divulgar mentiras repugnantes y asquerosas con las que sólo pretende obtener notoriedad, señor Potter, y los castigos no pueden ajustarse a la comodidad del culpable. No, mañana vendrá aquí a las cinco en punto, y pasado mañana, y también el viernes, y cumplirá sus castigos como está planeado. De hecho, me alegro de que se pierda algo que desea mucho. Eso reforzará la lección que intento enseñarle. Harry dejó su mochila junto a la silla y se sentó. -Bueno -continuó la profesora Umbridge con dulzura- Veo que ya estamos aprendiendo a controlar nuestro genio, ¿verdad? Y ahora quiero que copien un poco. No, con su pluma no -añadió cuando Harry se agachó para abrir su mochila. Lyra nisiquiera habia traido su mochila. -Copiararan con una pluma especial que tengo yo. Tomen -les entregó una larga, delgada y negra pluma con la plumilla extraordinariamente afilada- Usted señor Potter, quiero que escriba «No debo decir mentiras» -le indicó con voz melosa- Y usted, señorita Black, quiero que escriba «No debo faltarle el resto a mis superiores» -¿Cuántas veces? -preguntó Harry. -Ah, no sé, las veces que les haga falta para que se le grabe el mensaje -contestó la profesora Umbridge con ternura- Ya pueden empezar. Ella fue hacia su mesa, se sentó y se encorvó sobre un montón de hojas de pergamino que parecían trabajos para corregir. -No nos ha dado tinta -se quejo Lyra. -Ya, es que no la necesita -contestó la profesora, y algo parecido a la risa se insinuó en su voz. Lyra puso la plumilla en el pergamino, escribió: «No debo faltarle el respeto a mis superiores» y soltó un grito de dolor. Las palabras habían aparecido en el pergamino escritas con una reluciente tinta roja, y al mismo tiempo habían aparecido en el dorso de la mano derecha de Lyra. La rubia se dio vuelta para mirar a su novio y noto la mano de Harry sangrar. -¿Sucede algo señorita Black? -preguntó Umbridge. -Si -se quejo Lyra levantandose de su asiento. Harry nisiquiera la miro, prefirió seguir escribiendo. -Usted esta completamente loca si piensa que voy a seguir escribiendo con esta estupida pluma -chillo tirandole la pluma a la profesora- Y no pienso venir a ninguno de sus demás castigos, vieja arpía. Lyra se dio la vuelta para mirar a Harry. -Levantate Harry, nos vamos. Harry dejo de escribir pero no levanto la vista. -Tendria que aprender del señor Potter -dijo Umbridge- El señor Potter esta aprendiendo de su error. -Vayase al demonio -dijo Lyra antes de salir del despacho de Umbridge cerrando la puerta fuertemente.
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