-¡Querida, lamento si estos días has estado sola! ¡Pero, tuvimos muchas cosas que hacer!- Decía la reina mientras le echaba azúcar a su café -¡Majestad, no tiene que disculparse! ¡Usted es la reina, y ese deber es muy grande!- Mina le sirvió su desayuno, que eran unos panes con algo dentro y una taza de café. -¡Usualmente, mi esposo se hace cargo de todos estos asuntos! ¡Pero, ha estado muy ocupado últimamente, y yo he tenido que ayudarlo!- Tomó un sorbo de su café- Pero, hoy puedo darte el recorrido por el palacio, para que te muevas con mayor libertad por donde quieras. -¿Cómo está su hijo? ¿Ya se siente mejor? -Ya pronto estará totalmente recuperado -¡Majestad, disculpe!- Entró un soldado- ¡Hay un problema con unas tierras de unos aldeanos, están furiosos y vinieron ante el rey p

