La luz del amanecer bañaba los bosques Celestiales, y la cabaña permanecía envuelta en una calma que parecía casi irreal. En su interior, Amelia descansaba profundamente, mientras Kael se encontraba en el porche, contemplando el horizonte. El sonido del viento entre los árboles era un bálsamo para sus pensamientos, pero algo extraño en el aire comenzó a inquietarlo. Un aullido distante rompió la quietud, seguido por otro sonido más grave y poderoso, como si algo amenazante se acercara al territorio. Kael se tensó de inmediato. —¿Qué sucede? —preguntó Amelia, asomándose por la puerta, notando la preocupación en el rostro de Kael. —Un problema en el bosque. Quédate aquí y no salgas hasta que regrese —respondió Kael con firmeza, acercándose a ella y sujetándola por los hombros. —Kael, no

