PDV Nicolay Tenerla así, solo para mí, me hacía sentirme el hombre más afortunado del mundo. Su cuerpo tan perfecto, esa pequeña cintura, sus pechos hechos a la perfección con sus pezones rosados, sus piernas tan carnosas y defenidas, con sus glúteos no tan grandes pero tampoco pequeños, simplemente perfectos, su v****a, ese lugar en el cual me tenía loco desde el primer momento que la probé, que estuve dentro de ella. Que había hecho yo en mi otra vida para merecer está perfección de mujer. Teniéndola debajo de mí, con ese color en sus mejillas coloradas, su piel tan blanca y sedosa, lo único que quería era demostrarle todo lo que sentía. Sus labios carnosos los cuales tenían el mejor sabor, donde hace unos pocos minutos me había dado un gran orgasmo corriéndome completamente en ellos.

