17 El ministro británico, en el curso de su visita política a Roma en 1929, había tenido palabras de cálido aprecio por él. Entre otras cosas, había dicho públicamente: “Si yo fuera italiano, seguiría a Mussolini en su encomiable lucha contra las pasiones y los apetitos bestiales del leninismo. El fascismo es un antídoto indispensable contra los comunistas, que son los principales enemigos”. De vuelta a Londres, había añadido: “estoy fascinado por el genio romano encarnado por Mussolini, el mayor legislador viviente. Ha demostrado a muchas naciones cómo se puede resistir y ha indicado el camino que puede seguir un país cuando es dirigido con valentía. Es un centro de orientación desde el cual las naciones no deben dudar en ser guiados”: cuando le habían contado esas declaraciones, Mussolin

