Capítulo 7

1269 Palabras
Narra Tehuel Cuando llegué a la puerta del club, Eli ya estaba ahí, miraba su celular mientras hacía un globito con su chicle. Sonreí recordando cómo le había pegado la costumbre de masticar chicle siempre. Me acerqué con ganas de abrazarlo, pero solamente lo saludé chocando su mano y después nuestros puños. Me quedé mirándolo solamente sonriendo, se veía igual de lindo que siempre, apenas me di cuenta que había crecido un poco más que yo en estos años, aunque no habíamos pasado mucho tiempo juntos tampoco para comparar nuestras alturas. —¿A dónde vamos? —preguntó sonriéndome también. —No sé. ¿Compramos helados y nos sentamos en la plaza? —¿Helado en otoño? —Nunca es mal momento para el helado. —Solté una risita—. ¿No te gusta la idea? —Sí, hace rato no como helado. Eli sonrió antes de empezar a caminar en dirección a la heladería a la que quería llevarme. Caminamos en silencio, ninguno de los dos sabía muy bien qué decir o qué hacer, lo miré de reojo, hizo un globito con su chicle mientras estaba distraído con las vidrieras de los negocios por los que pasábamos. Me obligué a pensar en algún tema de conversación, aunque sea algo estúpido para distraernos y evitar la incomodidad. —¿Querés un chicle, Tehuel? —Eli se adelantó. —¿Ahora me los ofrecés vos? —Me pegaste el hábito. —Me extendió un chicle—. Pero a mí me gustan más lo de menta, no los de frutilla. Sonreí agarrando el chicle. Me alegraba que se acordara de eso. Me guardé el chicle mientas él hablaba del vicio que le había pegado y que gastaba la mitad de lo que le daban sus padres en eso. Después cambió de tema a sus amigos y a su novia, lo miré mientras hablaba, aunque no le prestara mucha atención, o, bueno, a medias, me interesaba lo que decía, pero mi cabeza se centraba en pensar en lo lindo que se veía, en lo tímido que seguía siendo a pesar del tiempo que había pasado. Paramos en la heladería, Eli tiró su chicle al tacho de basura antes de entrar, compramos los helados y fuimos directamente a la plaza que estaba al frente. —Entonces, van juntos con Mati —dijo cuando nos sentamos en un banco. —¿A dónde? —Al colegio. —Ah, sí. Como después estábamos siempre juntos, los tres planeamos ir a la misma secundaria con Tomi, pero él se fue después también, así que nos quedamos nosotros dos. Su mamá y la mía hablaron para anotarnos juntos. —¿Y Lourdes? —Con ella ya sabíamos que nos iban a anotar juntos, somos mejores amigos desde siempre. —Lamí el helado—. ¿Vos? ¿Elegiste el cole? —No, me anotaron en el que iba Ana. —¿Y te gusta? —Al principio no mucho, no conocía a nadie, pero después me hablaron los que ahora son mis amigos y mi novia. Asentí, nos volvimos a quedar callados mientras comíamos nuestros helados. Miré a la gente que paseaba por la plaza y los nenes chiquitos que jugaban en los juegos que estaban un poco más lejos. —¿Cómo conociste a tu novia? —Ella se lleva bien con todos siempre, es bastante simpática, se sentaba adelante mío en primero. Un día me empezó a hablar, nos hicimos amigos uno o dos meses y nos hicimos novios. —Terminó su helado y se limpió la boca con sus servilleta—. ¿Vos tenés novio? —No. —También terminé mi helado—. Salí con un chico, pero fue complicado. Él no quería que nadie se enterara diciendo que tenía miedo de salir del clóset, pero era porque tenía novia en realidad. Desde ahí no quise salir con nadie más. Me hubiera gustado agregar que no tenía ganas hasta que lo volví a ver y me acordé de cómo me sentía con él cuando estábamos juntos. Eli cambió de tema rápido, por ahí se daba cuenta que todavía me dolía un poco lo que había pasado con Lautaro. Empezó a hacerme preguntas sobre el club antes de contarme lo bien que le gustaba estar en voley, que se llevaba bien con sus compañeros y que quería verme jugar algún día, que se acordaba que jugaba bien al fútbol. Sonreí contento de que se acordara algo, a veces parecía que nos estábamos conociendo de nuevo aunque, a pesar de haber pasado unos años, no habían sido tanto como para que se olvidara de todo. Aunque yo también me había olvidado un poco de él, ni siquiera lo había reconocido cuando lo vi en el club. Mientras hablábamos, saqué el chicle que me había dado antes, le saqué el envoltorio y me lo metí en la boca, mastiqué sintiendo cómo salía juguito sabor menta, bastante fuerte para mí, pero no me disgustaba. Nos quedamos un rato más sentados, sacándonos fotos o mostrándonos cosas en el celular. Me alegraba poder estar con él de nuevo, poder reírnos juntos como cuando estábamos en primaria. Lo miré mientras hablaba de un juego que podíamos jugar online en el celular, Eli me miró de repente y sonrió. Seguía viéndose tan lindo cuando sonreía así, cuando ya estaba tranquilo, cuando sentía la confianza suficiente para estar con alguien. Tenía ganas de volver a tener su confianza como cuando nos conocimos. —Me gustaría jugar con vos. —Sonreí tratando de hacer de cuenta que le prestaba atención a lo que decía—. Mandame el nombre por mensaje después. —Dale. —Guardó su celular—. ¿Querés ir a caminar? Ni siquiera me dio tiempo a contestarle, él ya se había levantado obligándome a hacerlo también. Empezamos a caminar por la plaza mientras hablábamos del colegio y de nuestros amigos. Le conté sobre Lautaro, no todo, había partes de nuestra historia que no quería contarle, las cosas vergonzosas y privadas no quise contárselas, no acá con tanta gente escuchando. Si se las contaba, prefería hacerlo en otro lado, en privado, para que nadie más que él se enterara. Él me contó sobre su novia, cómo se llevaban, que seguro me iba a caer bien porque ella era muy parecida a mí, se llevaba bien con todos. Sonreí. Aunque esa chica tenía toda su atención, me alegraba que quisiera presentármela, que quisiera hacerme parte de su vida. Dimos un par de vueltas por la plaza contándonos todo lo que nos habíamos perdido en este tiempo, aunque lo dejaba hablar, prefería escucharlo y tener una excusa para mirarlo mientras lo hacía. ¿Cómo me había olvidado de él? ¿Cómo había dejado de pensar en sus ojos claros y en sus pecas, en esa sonrisa sincera? De repente, sentí mi celular vibrar en mi bolsillo, no le presté atención, Eli me estaba contando sobre sus dibujos, pero no dejó de vibrar. —Perdón —dije sacando mi celular—. Mierda… —¿Qué pasó? —Son más de la siete, mi mamá me está llamando. —Perdón, no te quería retener tanto. —No, no, está bien. Pero ya me voy. Ni siquiera pensé cuando me acerqué a Eli para darle un beso en el cachete, pero hice como si nada mientras me alejaba de él y le contestaba a mi mamá. Estaba castigado, ya lo sabía antes de que la voz de ella saliera por el auricular del celular. Sabía que ya no iba a salir a menos que tuviera que ir a la escuela.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR