CAPÍTULO NUEVE (EL CASTIGO)

2225 Palabras

El aire olía a desinfectante y lavanda marchita. Las paredes del hospicio dónde estaba mi madre estaban decoradas con pinturas ingenuas de campos floridos, como si quisieran mentirle al tiempo. Luego de una agotadora jornada ahora caminaba por el pasillo hasta la habitación de mi madre con mi bolso apretado contra el pecho y el corazón palpitando en mi garganta. —Tercera habitación a la derecha, doctora —me indicó la enfermera con una sonrisa piadosa. Cómo si yo no supiera. Doctora. A veces, en momentos como esos, esa palabra era lo único que la mantenía de pie. Empujé la puerta con suavidad, conteniendo el aliento. Allí, sentada frente a la ventana, estaba mi madre. El cabello más blanco que recordaba, recogido en un rodete flojo, la piel aún hermosa, aunque arrugada, y la mirada… perd

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