Marisol sale de la biblioteca armada con dos mapas y, impulsada por el éxito del día, decide intentar otra vez su exploración del grupo Madera Roja, una decisión consciente también para apartar su enfoque de los pensamientos del lugar inquietante en sus sueños. Mientras pasea por el terreno del grupo, siente que la están observando y se esfuerza en mantener una fachada de calma, al menos hasta que sienta que la tensión ha disminuido. Sin embargo, pronto llega a sus fosas nasales un olor desconcertante, una potente mezcla de sangre rancia que sin duda significaba muerte y sufrimiento. Asalta sus sentidos, amenazando con abrumarla con cada paso que da. Mientras Marisol se acerca al desagradable hedor, sus oídos captan susurros de los miembros del grupo. Conversaciones amortiguadas sobre la

