—Veo que tiene experiencia sólida. Asiento al hombre detrás del escritorio. Me mira. —Sin embargo, no tiene referencias de su último empleo. Levanto la barbilla. —Verá. Señor, Noriega. Fui despedida de mi último empleo porque, mi jefe, pretendía que cumpliera con tareas extracurriculares —le doy una mirada significativa. Él, se aclara la garganta. Mira de nuevo mi hija de vida. —Aprecio la sinceridad. Señorita, Peters. Se pone de pie y me tiende la mano. —Gracias por asistir a la entrevista. Le doy un apretón. —Gracias a usted por llamarme. —Esta semana estaremos escogiendo los mejores prospectos. Asiento algo triste. Sin embargo, salgo de su oficina con esperanzas renovadas. Camino hasta la parada del autobús más cercano que pueda dejarme en el centro juvenil. La vida s

