Hoy es el día. En la casa de la familia Caruso, puede respirarse un ambiente feliz y lleno de entusiasmo. En cambio, para mí, es el final de todo. Mi trabajo se ha acabado, y es momento de regresar a la realidad. Respiro profundo y salgo de mi autocompasión cuando escucho las risas. Mis ojos arden ante la visión de Brisa en su vestido de novia, mientras las mujeres alrededor de esta la ayudan a terminar de prepararse. Alessandro no subió a la habitación anoche. Al parecer, los hombres decidieron seguir la fiesta y se quedaron en el jardín. Yo creo que fue la excusa perfecta para no lidiar conmigo. ¡Ya basta, Kate! —Espera a que tu papá te vea —Donna junta sus manos y mira a su hija con una expresión de orgullo. —Arístides se va a morir —secunda Loreta. —Esperemos que no —dice

