Bastien rompe el silencio con su voz tranquila, pero cargada de intención. —Es mejor llevarla a la casa. Ya sabes… la que se inundó. Ah, esa que se inundó de mentira, todo por quedarme en casa de Claire. Muerdo el interior de mi mejilla. No me gusta que me digan qué hacer, y menos cuando tengo un millón de cosas en la cabeza. —Debe hacerlo —continúa—. Su hermana no puede estar en un hotel, debe ser vigilada. Eso me pone de peor humor. Vuelvo la vista hacia la mocosa. Sí… ha crecido. Y no lo digo solo porque ya no es esa adolescente torpe que conocí, sino porque ahora tiene ese aire de mujer que sabe perfectamente cómo volverte la vida un infierno. Juliette es rubia natural, de esas que el sol adora. Tiene los ojos azules como el hielo, pero no ese hielo muerto… sino ese que parece c

