La noche afuera es un espejo roto. Las farolas se repiten en la ventanilla, las luces de la ciudad parecen cuchillos clavándose en la oscuridad, y el rugido del motor se mezcla con el zumbido en mi cabeza. Solo pienso en encontrarla. Claire. No puedo sacarla de mi mente desde la llamada. Su voz… cargada de alcohol, pero también de algo más. Dolor. Rabia. Y, peor aún, ese tono resignado que me mata más que cualquier insulto que pueda lanzarme. —¿Cómo la encontraste? —rompo el silencio mirando a Bastien, mi voz más baja de lo habitual, porque no quiero que Juliette empiece a interrogar. —Uno de nuestros hombres la sigue —responde sin apartar la vista del camino—. Después de la reunión con Dmitri no dudé ni un segundo más y… —Buen trabajo —lo interrumpo de inmediato, cortando la frase ante

