Cuando pensaba que ya podía retirarse junto a su hijo a casa, Shiro le pidió a Bastian su opinión sobre el diagnóstico de uno de sus empleados que había sufrido un accidente de trabajo y estaba cumpliendo descansos médicos porque no había quedado bien de la cadera. Como ellos aún se quedarían viendo ese otro tema, Kenji se despidió y caminó hacia la salida, la cual conocía. Akira salió detrás de él. Y sin que el Director Sato se lo esperara, tenía enfrente de él, arrodillado en el suelo a un joven enamorado que suplicaba porque lo dejen ver a su amada. - Por favor, Sato san, déjeme ver a Mika. Ya sabe cuál es la verdad –pedía Akira con la mirada vidriosa. - Akira, levántate, por favor –a Kenji no le gustaba que le rueguen. - Por favor, Sato san. ¡Estoy a punto de volverme loco! –insistí

