Tal y como había predicho Reece el clima se puso peor, la visibilidad era casi nula, los limpiaparabrisas hacían un esfuerzo por mantener limpios los cristales, pero fue casi imposible debido a la fuerza de la tormenta, estando allí el clima parecía ser más insano. El teléfono de Alaska, timbro, era su padre. —Creo que debemos parar—dijo Reece inmediatamente cuando Alaska colocó el altavoz. —Podemos alojarnos en un hotel de paso, continuaremos cuando deje de llover. —Pienso lo mismo, apenas y puedo ver la carretera. —Podemos quedarnos en el Wollongbar, no está a más de dos kilómetros de aquí—el comentario de Lask fue tomado por su padre quien aceptó de inmediato alojarse en ese hospedaje de paso, por lo menos hasta que conducir fuera más seguro. El resto de camino se dedicó a dar a Reec

