A pasos lentos regresó a la cabaña, eran cerca de las siete y treinta. Alaska ya estaba despierta, se había dado un baño preguntándose donde se encontraba Reece, pero su pregunta fue respondida con el simple hecho de mirarlo entrar con su ropa deportiva y con los audífonos en la mano. —Buenos días—saludó la chica alegremente. Había dormido de maravilla. Al mirar su largo vestido playero y como se paseaba por la cabaña sin sandalias Reece sonrió. Se veía bonita. Sus ojos la recorrieron de arriba a abajo y sin poder evitarlo la chica le preguntó que tal le quedaba. Lo había comprado durante la visita al centro comercial. No era de las que se tardaba horas escogiendo ropa, es más, ni siquiera se lo había probado, solamente había mirado la talla y sabiendo que era la suya, lo había echado a

