Ese día iba a almorzar con Philip y no veía la hora de salir de la oficina. Simi, quién en un principio pareció aceptar de buen agrado sus condiciones parecía esmerarse día a día en hacerle la vida imposible. Ya no había sesión de spankee o cogida que lo aliviara. Una vez que su cuerpo había probado el de ella, parecía no querer otro como si fuera un puto adicto a la heroína y estuviera en abstinencia. Así, se venía masturbando varias veces por día, dentro y fuera de la oficina nunca con ella allí ya que lo último que quería era darle el gusto de saber que poco a poco estaba logrando resquebrajar sus principios. William la estaba pasando mal. Realmente mal. Era como una clase de tortura. Y él no era masoquista, mierda, ¡él daba azotes en un club donde era amo por amor de Dios! Pero su

