POV. DE ALLIETH.
Mi corazón parecía a punto de estallar, estaba a punto de explotar, mi cabeza daba vueltas y sí, era algo que todos notaron, pero de lo que nadie dijo nada, Carl apenas hizo un susurró, pero él, este hombre al que no conozco...
Él lo noto enseguida, fue tan directo, tan...
—Y-yo...
—¿En dónde está? —pregunto sin rodeos y lentamente me di la vuelta esperando que no preguntará lo que sabía que iba a preguntar—. ¿En dónde está la verdadera reina?
Y sí, ahí estaban sus palabras.
—No se de que hablas —dije rápidamente y retrocedí un poco.
—Tenemos tal vez... 30 minutos, antes de que te muestre lo que vine a mostrarte, pero quiero una respuesta.
—No tengo una —dije sin dejar de mirarlo, sus ojos eran atrapantes, hipnotizaban una vez que lo mirabas y yo estaba empezando a perderme en ellos.
—Ven —tomo mi mano y tiro de mí, sentí un cosquilleo profundo y juro que habían chispas allí en mi palma.
El hombre me llevo por un pasillo de tiendas de acampada, tal vez unos 100 metros y luego salimos a un claro donde se podía vislumbrar un campamento enorme, organizado, humeante, celebrando, cantaban y las risas de los niños que corrían por el lugar armonizaban por completo.
—Este es el segundo campamento —dijo sin soltar mi mano—. Aquí traemos a los campesinos a los que la familia Bovary y los Bovary Stone les han robado sus tierras para hacerse más y más ricos.
Mis ojos se fueron a los suyos y sentí un nudo pesado en el estomago, no entendía nada de lo que estaba diciendo.
¿A eso se refería Carl? ¿Esos eran sus planes y los de mi hermana?
—Y ahora por tu pequeño acto rebelde —tiro de mi y continuamos caminando hasta otro campamento, pero este era más pequeño—, la familia Mulberry Gardens —inmediatamente la imagen de Victoria llego a mi cabeza—, sí, la familia de la marquesa Victoria, esa que tu amado rey tiene en los calabozos, comenzará a hacer lo mismo, porque ese era el acto que necesitaban para unirse a los Bovary.
El nudo de mi estomago solo se hizo más y más pesado, entonces lo que hice fue una irresponsabilidad y cometí un grave error, los planes de Carl y Allieth eran más grandes que yo y ahora entraba este miserable secuestrador para hacerme caer en cuenta.
—Se supone que tu y Carl iban a recuperar esos terrenos cuando dejaran entrar 1 año completo de embarcaciones por el puerto sin cobrar impuestos, estábamos a un mes de lograrlo y tú...
Entonces mi cabeza comenzó a dar vueltas, estaba mareada y dolorida, confundida y molesta, muy molesta.
¿Acaso todo lo que escribió Allieth eran mentiras?
¿A qué guerra estoy jugando y como estoy jugando?
—Ven, es hora de que te vayas —dijo con soltura y casi divertido—. Tu amado Rey debe venir con su pequeño batallón de héroes por ti y no quiero que llegue tan lejos.
—¿Tan lejos?
—Esta es la parte más profunda de mi campamento, esta es la parte a la que es casi imposible llegar, Allieth —dijo con demasiada confianza—. Y no voy a permitir que Carl llegue hasta aquí.
—¿Lo conoces? —mi pregunta parecía tonta, pero por alguna razón creo que había algo más entre ellos dos.
—Como a la palma de mi mano.
Me subí de nuevo al caballo, no sin que antes el hombre misterioso y sin nombre me colocará la venda que me dejaba sin visión.
Comenzamos a galopar de vuelta y fueron bastantes minutos que no quise contar, porque solo quería respuestas.
Cuando al fin llegamos me bajo del caballo y me quito las vendas, justo a tiempo para ver a lo lejos los caballos reales.
—¿Lista? —pregunto y no sabía a que se refería—. ¿Para enfrentarte a la verdadera guerra? Carl no está peleando contra mí, pelea contra los suyo y se supone que tu le estabas ayudando, así que no me importa que carajos paso con la verdadera reina, yo no voy a permitir que te metas en mi camino y en nuestros planes —dijo con firmeza y yo trastabille hacía atrás.
—Yo... Tengo mucho que pensar, las cosas que sabía no son las cosas que se ahora.
—Dile a Henry que todavía me debe unos tragos y que lamento la golpiza que le dio Carl, no se la merecía, pero este bruto esposo tuyo se vuelve loco e irracional cuando se trata de ti, de la verdadera tú.
Cada vez los caballos estaban más cercas y cada vez las preguntas eran más grandes.
—¿Quién eres? —sí, esa fue la pregunta más brillante que se me ocurrió.
El solo río, más bien bufó y luego suspiro.
Se quedo en silencio mientras yo esperaba una verdadera respuesta.
Los caballos de la guardia real se quedaron atrás y solo Carl se acercó a nosotros.
—El trato es que tu no...
—Los tiempos cambian, Carl —dijo el hombre mirando sus guantes negros de cuero e ignorando la presencia de Carl por completo—. Y tal vez si te tomaras las cosas más enserio, pelearas con menos miedo y ese circo de cagada que tienes como corte lo arrancaras de raíz no tendríamos estos... problemas —dijo mirándome de nuevo.
—Ella no es un problema.
—Lo es y lo sabes, Carl —dijo con arrogancia.
—Quiero saber la verdad —dije con firmeza poniéndome en medio de los dos.
El hombre bufó y Carl me miró con rabia.
—Deberías empezar por la tuya —susurró el hombre de nuevo sobre mi rostro y me puse roja, mientras intentaba dar un paso atrás.
—Aléjate de ella.
—¿O qué?
Carl apretó los dientes y se bajo de su caballo para acercarse a mí.
—O nuestro acuerdo se acaba, donador de fortunas.
Las palabras de Carl me tomaron por sorpresa y me fije directamente en el hombre, que tomo mi mano y tiro de mi, alejándome de Carl violentamente y me susurró muy por lo bajo, pero perfectamente claro para que yo lo pudiera escuchar.
—Solo espero que tu puedas decir la verdad, Leonora.