Malentendido

3003 Palabras
Annie Evans El campo de baloncesto empieza a llenarse de gente, tanto de espectadores como de periodistas y de la mayoría de padres del instituto. Hoy es viernes y hoy es el primer partido de baloncesto. —¿Has vuelto a hablar con él desde lo que pasó? —pregunto acomodándome en el asiento cruzando las piernas. —No —responde mientras revisa su móvil. —Quizá te dijo la verdad… —No. Me lo dijo simplemente para burlarse de mí y ya está —dice Madison con una sonrisa irónica. De repente miro al frente visualizando a Caleb sentarse justo a nuestra altura. Me fijo que lleva su cámara de fotos colgada sobre su cuello. —¿Y tú qué tal trabajando con Caleb? —Lo llevo bien, tan solo me centro en mi trabajo y ya está. Lo cierto es que a veces cuando se forman colas en la sección de palomitas me mete un poco de caña y me tengo que morder bastante la lengua porque ya sabes, yo no sé mantenerme callada —Madison ríe y asiente dándome la razón —, pero por todo lo demás bien. —Oye, ¿Peter no va a venir? —Me ha llamado diciéndome que se va de viaje con sus padres y que no podrá venir. Madison asiente y poco después los jugadores de baloncesto del instituto y del equipo contrario salen para iniciar el partido. En la primera parte del partido quedan 2-2; un chico moreno de tez blanca ha marcado el primero y Jackson ha marcado el segundo. Cuando llega el descanso todos los jugadores se meten dentro de los vestuarios y ponen música de fondo. —Madison, voy un segundo al baño. Ella siente y como puedo me abro el paso entre la gente para ir a los baños. Cuando estoy sentada sobre el váter, de repente, escucho la voz de April y Gianna —creo que son ellas —. —Madre mía, vamos empatados, ¿crees que ganaremos? —escucho decir a Gianna. —Por supuesto que ganaremos querida. Tenemos al mejor jugador de baloncesto, con Jackson Williams el triunfo está asegurado —dice está vez April. —Cada día lo veo más guapo, ¿no crees? Bueno, a él, a Matt, a todos. Que suerte has tenido de haber estado con Jackson… —escucho a April reírse ante lo que ha dicho Gianna —. Pero, ¿Sabes qué? Ahí falta Callum… es una lástima que esté postrado en una cama. —Shh, eso no lo puedes decir en voz alta. Justo cuando Gianna hace ese comentario me quedo sentada intentando no hacer el más mínimo ruido. —Vale vale, lo siento… —Y tampoco se te puede escapar lo otro. ¿Qué otro? ¿De qué está hablando? Con el corazón en un puño deslizo el trasero más hacia atrás y pongo mis pies sobre el váter. —¿Qué otro? No te entiendo —April suelta un profundo suspiro y se queda callada varios segundos hasta que la escucho decir… —¿Eres tonta? Pues que estuve con Callum la noche del accidente, eso —murmura pero lo suficientemente claro como para que yo lo pueda escuchar. Abro los ojos sintiendo mi corazón encogerse. —Tranquila, nadie lo sabrá, yo no se lo he dicho a nadie. —Y espero que siga siendo así Gianna, por tu propio bien. Vámonos anda. Cuando escucho que ambas salen del baño, un minuto después salgo yo soltando un profundo suspiro. Me lavo las manos secándomelas con papel y me aprieto un poco más la coleta. Y ahora, ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Quedarme callada? ¿Decírselo a Caleb? ¿Por qué demonios me ha tocado escuchar esa conversación? Cuando llego de nuevo a las gradas la segunda parte del capítulo ya ha comenzado. En este momento Jackson tiene el balón, se lo intenta lanzar al compañero que tiene a solo unos metros pero se lo quitan antes de tiempo y la gente protesta. —Creía que te habías caído por el váter —Madison bromea mientras yo me limito a sonreír levemente —. ¿Estás bien Annie? Estás blanca. —Si si, perfectamente —sonrío intentando parecer convincente —. ¿Cómo va el partido? ¿Me he perdido algo? —digo poniendo las manos en mi regazo. —Seguimos igual. Madison saca su móvil y empieza a hacer vídeos y fotos del partido. Mientras tanto yo intento concentrarme en el partido pero no puedo, tengo las palabras de April en mi cabeza y no consigo quitármelas. ¿Habrá tenido que ver ella en lo que le ha pasado a Callum? Miro hacia delante viendo a Caleb haciendo fotos, después deja la cámara pero no aparta sus manos de ella y, por un momento, nuestras miradas coinciden. ¿Qué debo hacer? Tiempo después, el partido finaliza. Las animadoras hacen su baile final y después, a través de un micrófono, el director nos dice que no nos movamos, que vamos a celebrar la victoria del equipo. Madison y yo salimos de las gradas para ir a adentrarnos en la fiesta. La música empieza a sonar y la gente empieza a bailar. Madison me coge la mano para que empecemos a bailar, finjo una sonrisa, bailo e intento divertirme aunque en mi cabeza sigue ese gran dilema. Caleb Sprouse Me adentro en el gimnasio, algunos jugadores me saludan pasando por mi lado en dirección a la salida mientras que de mi boca sale un “enhorabuena”. Giro a la derecha viendo a Jackson poniéndose una camiseta negra de manga corta. —Hola —saludo animadamente, Jackson se gira en mi dirección dedicándome una sonrisa —. Enhorabuena tío, buen partido —digo dándole un abrazo. —Gracias tío, la verdad es que estoy bastante contento —dice guardando sus cosas en su mochila de deporte. Los otros dos que están ahí se despiden. —Como para no estarlo. —Pero no podemos bajar la guardia, hay que seguir entrenando duro. —Tú siempre entrenas duro Jackson Williams —le guiño un ojo y él se ríe. —¿Has hecho fotos? —Por supuesto, como siempre. —Mándamelas por correo —dice cerrando su mochila —. ¿Sabes? Cómo me hubiese gustado que hubiese estado Callum, segurísimo que él hubiese encestado varias. —Lo sé… —suspiro. —¿Vienes a la fiesta? —apoya su mano en mi hombro. —Sí, pero antes tengo que ir a hablar con el director. —De acuerdo, nos vemos ahora entonces. —Sí, claro. Salgo del gimnasio dirigiéndome al despacho del director para hablar con él sobre el tema de las fotos. Llamo a la puerta con los nudillos y asomo la cabeza. —Un momento Caleb, ahora te atiendo, espera fuera. Cuando el director me dice eso asiento y la cierro quedándome al lado de la puerta. Enciendo la cámara de fotos observando las fotos que he hecho del partido. Algunas fotos las acerco para poder mirarlas detalladamente hasta que llego a una parte de la foto en la que salen Madison y Annie desde las gradas. Annie levanta los brazos al mismo tiempo que sonríe y sin darme cuenta, estoy con mi vista fija en ella. ¿Qué me pasa con esta chica? Sus ojos, la expresión que hay en ellos, lo que hay dentro de ellos… ¿Por qué esta chica me parece misteriosa? ¿Por qué a veces sin darme cuenta la miro en clase? Me río al recordar el otro día en el cine, una chica le pidió a Annie un bol mediano de palomitas y una Coca-Cola mediana, Annie no supo parar la Coca Cola a tiempo y se le cayó parte del líquido fuera del vaso. Ella se puso muy colorada pidiendo disculpas todo el tiempo, yo me limité a intentar no reírme y le puse la bebida a la chica mientras Annie limpiaba lo que había ensuciado. —Deberías tener más cuidado, si lo llega a ver la jefa te hubiese reñido. —Lo siento lo siento… pero lo has visto tú ¿no? Ella no tiene por qué enterarse a no ser de que le vayas con el cuento. —No soy ningún chivato. —Espero —concluye. Y a partir de ese pequeño incidente empezó a tener más cuidado a la hora de poner la bebida. Pero cada vez que me acuerdo, sus manos temblorosas, sonrojada por la vergüenza que estaba pasando, cada vez que lo recuerdo no puedo evitar reírme. Poco después entro en el despacho del director a hablar con él sobre las fotos del partido. Unos minutos más tarde, después de aclararlo todo, salgo dirigiéndome a los baños. Camino mientras miro el móvil hasta que me detengo en seco justo en el muro al oír una voz muy conocida. —¿Por qué demonios no hablas? ¿Una persona está postrada sobre una cama y no eres capaz de hablar? ¿Qué clase de persona eres tú? ¿Qué? ¿De quién está hablando? ¿De mi hermano? Tiene que ser de él. —Deja de meterte donde nadie te llama y mantén tu boquita cerrada —escucho el tono vacilón con el que le habla a Annie. —Voy a volverte a repetir la pregunta… ¿Qué le pasó a Callum? —Annie le pregunta con toda la paciencia del mundo pero al mismo tiempo, en la forma de arrastrar las palabras, se le nota que la paciencia se le está agotando. —Yo no le he hecho nada y más te vale no contarle nada a nadie y menos al friki de su hermano. Ocúpate de tus asuntos y preocúpate más por tu madre, a mí me daría vergüenza haberla dejado sola. De repente escucho algo parecido a un bofetón.. Me asomo un poco viendo cómo April se lleva la mano a un lado de su mejilla. —¡April, ven un momento por favor! —escucho la voz de una chica a la otra punta del pasillo. ¿Por qué Annie, si sabía todo esto no me lo dijo como lo de la moto? ¿Por qué no me ha contado que April también está involucrada? Creía que podía confiar en ella. Aquel día en mi casa haciendo el trabajo, hubo algo en su mirada que me dio confianza, pero no. Está claro que las personas te mienten, te intentan engañar. Aquí no te puedes fiar absolutamente de nadie. Desde luego, Annie Evans a resultado ser otra persona más de las que no puedes confiar en este instituto. Una vez después de haber escuchado esa conversación, me dirijo hacia el gimnasio donde todo el mundo está celebrando la victoria del partido. Sinceramente, no tengo ganas de ir, pero si me voy después, Jackson empezará a hacerme preguntas. A unos pasos del gimnasio, la música retumba, observo a hablar a los padres entre ellos, comentando el partido animadamente hasta que visualizo a Jackson hablando con sus padres. El padre de Jackson me señala con la mirada e inmediatamente el propio Jackson se gira sonriéndome. Su madre le da un beso en la mejilla y su padre un abrazo. El chico moreno, de ojos verdes, el líder del equipo, viene hacia mí con una sonrisa ensanchada, llena de felicidad. —¿Has visto tío? Mi padre ha venido. Creía que no iba a venir. —Me alegro mucho de que haya venido a darte la enhorabuena. —Si —asiente muy contento —. Vamos, tómate algo —Jackson rodea con su brazo mi cuello dirigiéndonos a una pequeña barra que hay en un lado del gimnasio. Cuando vamos hacia allí enseguida visualizo a Annie. Ella se gira y nos sonríe. j***r… —Enhorabuena por el partido Jackson, has estado genial, como todos tus compañeros. —Gracias Annie. ¿Y Madison? —Se ha ido a hablar fuera. Mi amigo asiente, Annie me mira, tenso la mandíbula al tener su mirada sobre mi, me mira de una forma que no consigo explicar. ¿Por qué he confiado en ella? ¿Qué ocultará? Ni lo sé ni me importa. *** Hoy es sábado y la alarma me avisa diciéndome que es hora de levantarse y de ir a trabajar. Hoy tengo turno hasta las siete de la tarde y para colmo tengo que ver a Annie. Después de que Jackson y yo nos pillásemos algo de beber nos fuimos con el resto del equipo hasta que me escabullí, me puse a hacer fotos a la fiesta, a capturar puntos muertos y fotos desimprovisadas de la gente bailando. Después de darme una ducha, asearme y desayunar, justo cuando estoy fregando mi taza mi tío entra por la puerta. —¿Ya te vas a trabajar? —Sí. —Esta tarde voy a ver a Callum, ¿quieres venir? —No puedo. Miraré a ver que semana puedo ir ¿Algún cambio? —pregunto secándome las manos. —Nada —suspira. —¿Y mi madre? —Ha tenido que marcharse pero me ha dicho que en dos semanas volverá y llamara a diario. —Ya —digo irónicamente —. Me voy. —Que te vayan bien. Le respondo con un gracias, cojo las llaves de la moto que están sobre el mueble y salgo a la calle. Me quito el gorro para ponerme el casco y justo cuando me acomodo en la moto y empiezo a arrancarla, sale Annie de su casa. Veo que camina rápido hacia mi así que no tardo en acelerar y marcharme antes de que llegue a mi. ¿Encima de que me oculta las cosas se quiere venir conmigo? Já. Una vez llego y me cambio, superviso que todo esté en orden y me pongo en la zona de palomitas. Miro la hora dándome cuenta de que Annie se está retrasando diez minutos y que yo sepa, el cine solo está a cuatro calles de nuestra calle, ¿qué le habrá pasado? Sacudo la cabeza. Dos chicas me miran con el ceño fruncido y me piden lo que quieren consumir: un bol mediano de palomitas dulces y una bebida pequeña de coca cola light. —Caleb, ¿dónde está Annie? Ya debería estar aquí —mi jefa me pilla totalmente de imprevisto sin saber qué contestar. —Ha tenido un pequeño problema familiar, enseguida viene —respondo poniendo sobre la barra lo que me han pedido las dos chicas. —Oh, está bien, pero adviértela de que si se retrasa lo tiene que avisar. —Claro. Poco después veo a Annie agitada entrando en el cuartito de empleados. Dos minutos después sale acomodándose bien la gorra en la cabeza. —Lo siento mucho por haber llegado tarde pero es que… —le interrumpo. —No, no me valen tus excusas —digo firme, ella abre los ojos sorprendida ante mi tono —. Esto es un trabajo, no el instituto, aquí no puedes llegar tarde. La jefa me ha preguntado por ti y he tenido que mentir diciendo que tenías un problema familiar y no pienso mentir más por ti, si no te gusta este trabajo te largas, ¿de acuerdo? Annie me mira a los ojos como si me estuviese matando. Sus ojos azules destienden llamas alrededor y su mandíbula está tensa. Sé que quiere contestarme pero no lo va a hacer. ¿Que quizá me he desquitado toda esta rabia que siento al ver lo falsa que ha sido conmigo? Pues sí, pero se lo merece. Al finalizar la jornada me pongo la camiseta y me quito la gorra acomodándome el pelo y la greña larga que cae sobre mi frente. De repente la puerta se abre y creo que sé quién es. —Ya he hablado con la jefa y se lo he explicado todo. Annie espera alguna respuesta por mi parte pero de mis labios no sale ninguna sola sílaba. Entonces prosigue: —No pretendía llegar tarde, iba bien de tiempo pero he tenido que atender a una llamada muy importante y… —se interumpe ella sola —. ¿Me puedes explicar por qué me estás ignorando de esta forma? Entiendo que me hayas reñido, esto es un trabajo y no tendría que haberme retrasado pero desde ayer te comportas muy raro conmigo. ¿Qué narices te pasa? La ira invade todo mi cuerpo y la conversación de Annie y April llega a mí cabeza. No puedo más. Me giro mirándola. —Pasa que eres una falsa y una hipócrita, eso pasa —escupo. —¿Qué? —¿Qué? —la imito —. No me dijiste toda la verdad acerca de lo que sabias de mi hermano —ella traga saliva. —¿Te refieres a lo de April? —Sí, me refiero a eso. ¿Por qué no me lo contaste aquella vez en mi casa? ¿Por qué narices te quedaste callada? —¡No lo sabía, me enteré ayer en el partido! —¡Oh, sí claro! Y voy y me lo creo. —Te lo pensaba contar pero primero quería hablar con April —niego con la cabeza alucinado —. Lo supe ayer, le escuché en el baño hablando con Gianna, ella lo dijo en voz alta y April le mando callar. —¿Sabes qué? —doy un paso hacia ella —. No te creo. Eres una hipócrita. —Pues, ¿sabes lo que te digo? Que pienses lo que te dé la jodida gana —digo despacio y con dureza —. Y antes de llamarme hipócrita infórmate e investiga mejor sobre las cosas. No sé ni para qué fui a sonsacarle nada a April. Annie se quita la gorra con brusquedad tirándola al suelo y con la camiseta puesta del cine, se larga pegando un portazo dejándome alucinado con la palabra en la boca. Esto es alucinante...
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