Uno por uno

1181 Palabras
Era martes treinta de junio, fecha que luego recordaría para siempre. Me desperté antes de lo habitual porque la noche anterior no había podido dormir. ¿Les dije anteriormente que la tragedia se masca, no? Bueno, supongo que el universo me estaba dando suficientes señales, pero al decir verdad, ¿que se supone que haría? ¿Detenerlo? Quizás puedas mover una pieza, pero el destino se encargará de ponerla en su lugar luego. No me malinterpreten, no quiero decir que sea el destino de nadie morir en un tiroteo. Pero puedo decir que durante éstos días comencé a aceptar que al menos el mío, no era hacerlo. Tomé una galleta salada esa mañana porque no tenía apetito. Tuve también una charla con mis padres sobre que tendrían que ayudarme en un proyecto de Ciencias ya que sino, me iría pésimo ése año. Ellos dieron la permisiva, porque ellos son buenos en todo. No recuerdo haberlo mencionado antes, como dije, no es difícil pasar por alto las cosas buenas de la vida, porque por naturaleza tendemos a darlas por sentado. Pero tengo los mejores padres del mundo, y hasta ésa mañana también tenía los mejores amigos del mundo. Me llevaron al instituto como es de costumbre, pero esta vez lo hicieron ambos por alguna extraña razón. De camino estuvimos hablando de irrelevancias y ahora no paro de pensar ¿y si eso se suponía una despedida si Elijah decidía dispararme? Bajé del automóvil un poco más lejos del instituto porque generalmente no solía haber lugar en el estacionamiento. Subí con todo el peso del mundo, porque esa mañana sentía un peso enorme sobre mi cuerpo y no sabía a qué se debía. El instituto no tenía ascensor y nuestro salón de clases quedaba en el último piso. Escalera tras escalera me adentraba al suceso más difícil de mi vida. Llegada al pasillo, sonreí a Mariana e intenté lo mismo con Angela, pero ella estaba concentrada en papelería casi que pensaba que en algún momento se le caerían las gafas y ése pensamiento me hizo sonreír para mis adentros hasta llegar al salón donde diviso a Mattew y a Ezekiel. Faltaba Jhay y Elijah, pero J era el que más lejos vivía de todos nosotros. Ezekiel también vivía lejos del instituto, pero era muy minucioso con los horarios y solía despertarse muy temprano. Entonces Mattew advierte sobre el trabajo que había dejado Mariana la clase anterior, casualmente ella era profesora de Literatura y Lengua. Algunos recuerdos pasaron desapercibidos aquel día; Ezekiel trajo un suéter rojo, lo que lo hacía ver aún más colorado. Mattew se encontraba más lindo que nunca, o ése es el recuerdo que tengo sólo porque es el último. Él me había sonreído cuando entré pero no le devolví la sonrisa porque nos besaríamos más tarde. Tampoco lo besé al acercarme así como tampoco saludé al resto, porque entonces Mattew había dado aviso sobre el trabajo y me concentré en ello. El día estaba más gris que de costumbre, y sin embargo imaginaba rayos de luz entrando por la ventana e iluminar a mis amigos. Cuando le pedí a Lissa la tarea, Jane estaba tras ella adentrándose al salón recientemente y lo supe porque acomodaba sus cosas. Por su parte, Zoe observaba expectante a Lissa quien accedió apacible a pasarme el trabajo para "revisión". Agatha e Isadora ya estaban desde antes que entrara, Stephanie y Jennifer fueron incorporándose entre que copiaba la tarea y entre que Mariana ingresaba al salón. Ellas solían sentarse detrás de Nicholas y Sebastian, quienes no estaban en sus lugares cuando ingresé, porque en su lugar se encontraban tirando bolas de papel en la ventana cerca de la pizarra. Catriel estaba sentado en el escritorio del profesorado a modo rebelde. Jhon se encontraba diciéndole algo al bebe de Rosmery, o mejor dicho, a Meryl. Para cuando se escucharon unos pasos, que supuse que eran del resto entrando, se hace visible Jhay dando aviso sobre haber visto a Mariana preparándose para venir. Ahora que lo pienso, él también había saludado al resto y nadie le había devuelto el saludo. Y cuando todos se comenzaron a disipar como hormigas tras la entrada de Mariana, quien había preguntado si nos encontrábamos todos y Nicholas le había respondido que sí. Ethan faltaba, ahora lo sé mientras repaso la mañana más difícil del universo. Sé que faltaba porque él debía sentarse frente a mí y dificultarme la vista hacía la pizarra, pero sin embargo ese día mi vista estaba tan esclarecida, que pude ver cuando Mariana recibió un tiro en el pecho. Cuando se reventaron los vidrios, Lissa y Zoe fueron las primeras en caer como sacos. Una encima de la otra. Luego siguió Isadora, después Agatha. Lo sé porque a ellas se dirigió con seguridad, luego Stephanie y Jennifer, quienes cometieron el grabe error de mirarlo de frente. Stephanie recibió una bala en el pecho y otra en el brazo, en la misma línea que Jennifer recibió la mortal en el centro del corazón. Luego vi como la mira del rifle apuntó a Meryl, de quien solo pude escuchar sus plegarias. Le suplicó que por favor no lo matara con lágrimas corriéndole por los ojos, mientras Jhon se encontraba impávido junto a ella, pero cuatro balazos se oyeron y parecieron ser suficientes. No los vi. Porque Jhay se encontraba obstaculizando la línea de visión en la que podía verlos. Se oyeron gritos y alaridos, él volvió a recargar. Esta vez, apunta a Nicholas y a Sebastian a quien dirige sin espabilar tantos tiros que no los cuento, en ello, también cayeron Catriel y la profesora Mariana. Los vidrios de las ventanas cerca de la pizarra estallaron, y ahí solo quedábamos nosotros. Por última vez. El grupo había quedado reunido. Nuevamente, los últimos cinco. Hasta entonces todos observábamos en shock, pero luego, tres disparos más y el resto de mis amigos cayó uno por uno. Y grité tan fuerte como si no hubiera un mañana. Mis lágrimas brotaron instantáneamente, incontrolables, como si no dependieran de voluntad o lagrimal alguno. Mi boca, pegajosa, se abrió gritando algo ahogado mirando los cuerpos y rostros de mis amigos. Ezekiel y Mattew se encontraban tirados en forma casi de equis, con los brazos tendidos, Jhay tenía la cara contra el suelo por lo que no podía verle, los demás parecían dormidos, por excepción de la sangre que teñía el suelo, y que a Ezekiel se le habían roto las gafas y tenía los vidrios pegados a la cara. Nada de esto duró más de un solo vistazo, rápido, confuso. Solo perduró después, el silencio abrupto y nuestras miradas con Elijah, fijas e intensas, como si estuviésemos teniendo una conversación aparte mientras yo dejaba caerme en mis rodillas. Y el arma me apuntaba, por un momento pensé para mis adentros "Disparame, hazlo". Pero él bajó el arma y me rompí en llanto, y nuevos disparos se escucharon, vi entonces a Elijah sacudir su cuerpo en balas, como si danzara. Y no paré de gritar. —¿Entonces estas son tus palabras finales?—preguntó el fiscal.
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