Quisiera que volvamos a sentarnos juntos como aquella mañana en la que nos conocimos. Quisiera que todos hubiéramos actuado diferente, poder regresar el tiempo y cambiar las cosas, que estuviésemos para Elijah y que el grupo volviese a ser "El grupo con nombre especial", pero las cosas no se pueden cambiar.
No me llevaste aquel día y aún no sé porqué. Yo te hubiera dejado, porque entonces no sentiría el vacío que siento ahora. Y lo cierto es que todos me dicen que debo odiarte, pero no puedo.
Atravesabas por un dolor que nadie podría entender, como aquella vez que me dijiste que nadie puede entender como yo la vida y el universo porque nadie lo podía ver a través de mí. Supongo que así funciona también con el sufrimiento. Nadie podría entenderte jamás porque no estaban en tus zapatos. Y es muy probable que nadie tuviese la culpa de lo que te sucedía, pero tú no estabas bien. Nadie que lo está hace lo que tú hiciste. Pero no eres el verdugo, también eres una víctima.
Quizás solo me dejaste aquí para que tuviese una segunda oportunidad, para que vea todo lo que antes no veía en mí. Que decirte Elijah, no le encuentro sentido alguno y quizás nunca lo haga. Quisiera haberte podido abrazar antes, cuando todo sucedió, y no haberte tenido miedo. Reveo las fotografías que imprimiste sobre mí y pienso en lo extraño y bello que puede ser el hecho de vernos a través de los ojos de alguien más. Pienso en ocasiones que, las personas más cerca tuyo son aquellas que pueden verte con mayor profundidad, como lo hacías tú. Pero no hay más tiempo. Ya no existe. Solo me queda esta caja que tengo en mis manos para entender que si nadie me ve de la manera en la que tú lo hacías, quizás no desee que me vea.
Le he pedido a Jhay y a Charles que me acompañen a visitarte a ti y al resto.
—Es un poco loco venir a visitar a quien me disparó ¿No creen? —espetó Jhay mientras le dejaba flores en la tumba de Elijah.
Ya habíamos dejado las mismas en la de Ezekiel y Mattew.
—Supongo que lo raro es no guardarle rencor—acotó Charles.
—Yo no puedo odiarlo —interrumpí mirando a la tumba —.Creo que eso significa que lo queríamos. Porque cuando amas de verdad, puedes enojarte, pero no puedes odiar. No al menos para siempre.
Jhay se rió y se llevó la mano al entrecejo.
—Supongo que sí. Supongo que lo quisimos demasiado para odiarlo.
Un día las palabras, las burlas, un chiste o una idea, salen y permanecen por unos instantes entre lo que lleva gesticularas y decirlas. Luego sigue la reacción, unas risas quizás y luego silencio. El profundo silencio. Pero aprendí que al final el silencio nunca lo es del todo.
Las personas recibimos constantemente palabras, ideas, chistes y burlas, finalmente uno creería que deberíamos acostumbrarnos a esto. Sin embargo, no sabemos lo que causan en la vida entera de alguien, lo que la puede marcar, lo relacionado que está o no con el presente y el pasado de alguien que nos oye. Y al final, en ocasiones nos convertimos en detonadores involuntarios de sufrimientos ajenos. El equilibrio del mundo es así de frágil, voluble, impreciso.
La mente de alguien también lo es.
Casi sin darnos cuenta abrimos heridas, las punzamos, o en ocasiones, las causamos.
Quisiera que detrás de la historia de Elijah y de cualquier persona como también de aquella que haya buscado terminar con su vida sin llevarse a nadie consigo, existiese esa reflexión. Que pudiésemos entender la importancia de cuidar al que tenemos alado, pero mentiría si dijera que no habrán más Elijah en el mundo, o que no habrá más gente sufriendo. Pero Elijah me enseñó que quizás no pueda ver el mundo a través de los ojos del otro, pero igualmente puedo cuidar a las personas.
De todos modos las polaroid que me has hecho las he pegado en las paredes de mi habitación, para verlas todos los días y recordarme a mi misma cuando me veo, el cómo me veías.
También he ido a la casa de fotografías a retirar las polaroid del grupo, pero no me encontré con Liam. Me atendió un sujeto de edad mayor y me dijo que el joven que trabajaba allí había renunciado. Y aunque salí desilusionada por no poder verle más, me alegré en cuanto comencé a ver las fotografías de nosotros juntos. De los chicos, del grupo, de Ezekiel, de Mattew, de Jhay y las tuyas, las nuestras.
Las colgué en mi pared en un collage que me ayudó a hacer Charles. No te lo habrías de imaginar pero lo he agregado a un nuevo grupo dónde se encuentra él, Jhay y yo. El grupo se llama "Nombre de grupo especial 2" y hablamos regularmente.
Jhay se ha mudado con su padre, pero lo veo cada vez que viene a visitar a su madre. Charles sigue yendo al mismo instituto donde íbamos todos. Él dice que comenzó a hablar con Sophie y que resultó ser una persona agradable, lo cual no me sorprende a pesar de que nunca la había notado. Y también habló sobre Ethan, sigue siendo un fanfarrón, pero al final ha admitido que en realidad cuando ocurrió el tiroteo él se había quedado escondido en la rectoría donde yacía Angela.
Y respecto a mí, hoy será mi primer día en el nuevo instituto y no te niego que tengo un poco de miedo porque no conozco a nadie. Así que pienso en ti y en como me veías e intento caminar por los pasillos endeble mientras busco mi clase.
Pero una mano me toca el hombro y una voz suave le acompaña;
—¿Estás pérdida? —preguntó la voz juvenil y un poco familiar, pero no lo suficiente.
Me dirijo la vuelta para poder vislumbrar el rostro dueño de la voz bonita. Diviso entonces quien es, el chico de la casa de las fotografías.
—Ey...Liam ¿Verdad?
Él asiente con la cabeza mientras sonríe gentilmente.
—El mismo —dice riendo.
—Había ido a retirar las fotografías y no te vi —espeté.
En realidad pregunté más de lo que debía hasta que me dijeron lo que me dijeron sobre el joven Liam y sobre su renuncia.
—Renuncié al trabajo, debía mudarme y el divorcio de mis padres, todo un asunto, ya sabes...
—Entiendo —digo tácita.
—Pero tú no llamaste y te había dejado mi número —replicó él.
—Huh...es que tenía asuntos pendientes con alguien.
—¿Un novio?
Ladeé la cabeza un poco dudosa.
—Algo así —dije.
—¿Cómo se llamaba? —preguntó insistente.
—Elijah —atiné a decir.
—Bueno, si eres nueva como yo lo era hace poco, supongo que un nuevo comienzo no te sentará mal —aconsejó.
Asentí con la cabeza pensando profundamente en la idea de un nuevo comienzo.
—¿Que clase te toca? —inquirió.
Le mostré mi agenda de clases y él pasó con la vista rápidamente mientras sonreía.
—Seremos compañeros —dijo tras revisar mi agenda de horarios.
Segundas oportunidades...
—Huh...¿Te sentarías conmigo, Liam?
Él sonrió dejando a la vista su semblante en blanco.
—Por supuesto, aunque debes decirme tu nombre —preguntó con la sonrisa perspicaz.
—Loraine —digo presentándome.
—Entonces te diré Lorai y como seré tu compañero de asiento debo tener un tiempo especial...—dice en tono burlón.
—Está bien, pero pido el lado de la ventana.
Él asintió y ambos sonreímos con una genuina complicidad que pensé que jamás volvería a sentir fuera del grupo.
No volveré a tener un grupo como el que tuve. Las personas no son reemplazables. Quizás viva toda mi vida esperando encontrar algo igual, y quizás nunca lo encuentre. Pero ésta soy yo reuniendo los pedazos rotos de mi vida. Ya me perdoné. De todos modos...
Amigos, los extrañaré para siempre.