POV Vadhir La sorpresa fue fugaz. La bofetada no. Nicole me miró con los ojos ardientes de rabia, su pecho subía y bajaba como si acabara de correr una maratón, pero era evidente que no era el cansancio lo que la sacudía, sino la emoción contenida. Quizás… el miedo. O la rabia. O ambas cosas. —¡Yo no soy parte de tu jueguito! —exclamó, y su voz me taladró los oídos. Alzó la mano con determinación, detuvo un taxi que apareció frente a ella y sin dudarlo se metió, cerrando la puerta de un portazo que sonó como un golpe seco en mi pecho. Y ahí me quedé yo, con el ardor de su palma todavía en mi mejilla, los labios con su sabor reciente y una estúpida sensación de pérdida que me taladraba el estómago. —Soy un imbécil —murmuré, mientras me pasaba ambas manos por la cara, arrastrándolas co

