Lara se quedó estupefactica por lo que su marido acababa de hacer que no supo que decir y la confusión del por qué la había abofeteado le invadían el cuerpo. Ella quedó con su mano puesta sobre el lugar donde él le había pegado y era tal el shock que no se animaba a levantar el rostro y mirarlo, pero no tuvo que hacerlo porque él mismo tomo bruscamente su brazo y se la llevó consigo hacia la cocina. - ¿Quién era? – rompe el silencio tratando de controlar sus nervios. - ¡Habla! – le grita tomando sus brazos con fuerza y haciendo que lo mire con terror. - ¿De qué me hablas? – le dice con lágrimas en sus ojos sin comprender aún su actitud. - ¡No el tomes de estúpido! ¡¿Quién demonios es ese hombre con el que te estabas abrazando?!- entonces se dio cuenta de que le hablaba. El negocio d

