Un nuevo hogar

671 Palabras
—En el caso de ser elegida, vivirás conmigo estos tres meses, iras donde yo vaya y ... —¿Y mis cosas? , ¿Mi coche?. Ángela no pensó al hablar, solo pensó en que ahí tenía las fotos de su madre y si lo abandonaba se lo llevaría la grúa. Inmediatamente después de preguntar se dió cuenta de su error , Alejandro se levantó, era intimidante, sentado no había podido ver su altura, estimó un metro noventa más o menos, —¿Tan segura estabas de que te elegiría?— preguntó con sarcasmo Alejandro. Se acercó más a ella, Ángela seguía desnuda y empezó a sentirse como un animalito enjaulado, tembló, intentaba hablar, defenderse, pero las palabras no salían de su boca. —Entonces no te importará si te pruebo ya.— Alejandro dijo esto mientras le soltaba el pelo. Cayó por la espalda de Ángela despeinado, cogió con la palma de su mano uno de sus pechos y acarició el pezón con la yema, a ella le recorrió un escalofrío por el cuerpo y maldijo a su cuerpo por traicionarla, bajó la mano acariciando su vientre hasta llegar a la entrepierna, separó los pliegues y con dos dedos masajeó el centro de Ángela, ella estaba haciendo todo lo posible por no hacer ni al más mínimo ruido que pudiera malinterpretar, pero su cuerpo reaccionó por ella, Alejandro sacó los dedos húmedos y se los mostró a Ángela. —Bien, de que me serviría una puta seca. Ángela sintió cólera por esa humillación, en cambio, Alejandro, estaba más seguro de que era una mentirosa, sabía a qué iba y estaba fingiendo, reaccionó muy rápido a sus caricias, volvió a su escritorio. —Ignacio se encargará de recoger tus cosas, pero no las vas a necesitar, yo elegiré tu ropa. Él iba a hacerle desear no haber entrado nunca ahí, y disfrutaría haciéndolo. Se reconoció a si mismo que aunque no era como las modelos que esperaban fuera, le parecía interesante y la deseaba como hacía mucho no deseaba a una mujer. Ángela en cambio, en ese momento, de pie y desnuda, con los cuatro hombres a su alrededor, lo odiaba, lo odiaba por creerse mejor que nadie, y sobretodo lo odiaba por tocarla donde nunca la habían tocado, y se odió así misma por sentir placer con el tacto de su dedos, sus ojos cambiaron de tristeza a rabia. Ignacio supo darse cuenta, no sabía si eso era bueno o malo, pensó que la chica decía la verdad y estaba ahí por error, intentó ayudarla, —Aún quedan dos chicas que no has visto—, le informó a Alejandro. —Puedes decirles que se vayan, y lleva a Ángela a mi casa, después ve por sus cosas. Eran órdenes, Ignacio resignado obedeció, Alejandro no quitaba la vista de Ángela, parecía ida. "Seguro que sigue actuando", se dijo a sí mismo. Ángela se vistió y siguió a Ignacio en silencio, no quería hablar, quería estar sola y asimilar todo lo que había pasado, subió al coche, estaba pálida. —Ángela, ¿Estás bien? —le preguntó Ignacio. Ella se limitó a hacer un gesto con la cabeza indicando que si. Llegaron a la casa, su nuevo hogar durante tres meses, pensó, una casa enorme con jardín y flores, debía reconocer que era preciosa, Ignacio la acompañó todo el camino, le iba a enseñar donde estaba cada cosa pero la chica no estaba de humor. —Por favor, quiero estar sola. Las lágrimas amenazaban con salir a cántaros de ella, Ignacio se compadeció y la llevó a su habitación, quiso decirle algo para consolarla un poco pero no sé lo ocurrió nada. —Voy a por tus cosas, vengo en un rato, intenta descansar—, le dijo con tono suave. Ángela se tumbó en la cama, dejó que todo fluyera, la rabia, la tristeza, lloró hasta que se quedó seca, por el ahora y por el pasado, todo lo que había ido reprimiendo salió, hasta que se quedó dormida.
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