Tras haber pasado un día entre juegos y diversión en el parque, regresé con Cerbero a casa; el juguetón necesitaba urgentemente un baño, todo su pelaje estaba cubierto de lodo y tierra. — Ja, ja, ja — reí a carcajadas mientras mi gran amigo saltaba salpicándome el agua qué utilizaba para bañarlo no te muevas tanto Cerbero —le pedí, pero él era a veces tan terco como yo. Luego de una tarea titánica en terminar de bañarlo y secarlo, lo dejé limpio y perfumado en mi habitación, miré la hora en mi celular y ya estaba cerca el momento en que Harry llegaría por mí. Acariciando las orejas de mi pequeño gran amigo, le pedí que se portara bien y qué me aseguraría de volver pronto. Aunque, estaba claro que sí iba a divertirme llegaría un poco tarde. Mirándome en el espejo, revisé mi apariencia

