Solo estábamos los dos, el sonido que se expandía por toda la habitación; era el de nuestros labios sucumbiendo al placer infinito. — Estás tan húmeda… —susurró, mirándome a los ojos, mientras sacaba su dedo de mi intimidad. — Ah… —gemí, abriendo los labios, después de haberme hecho estallar con su mano. La manía de Edzel era probar mi esencia, lo observé llevarse esos mismos dedos que me hacían llegar al cielo, a sus labios. Tras terminar de degustar mi sabor, se irguió, tirando con sus manos de mi falda y bragas. Ahora me tenía completamente desnuda, sus ojos bajaron a mi vientre, quedándose como hipnotizado durante unos segundos, antes de llevar sus manos a sus propia ropa y hacer lo mismo que con la mía. Algo recordé de esa noche en mi habitación, donde ambos nos quedamos has

