Capítulo 10

1218 Palabras
Capítulo 10 Un día en la vida de un vampiro.  —Bienvenida nuevamente a casa. —Anunció Christopher elevando sus brazos, señalando a su alrededor. Negué divertida con la cabeza. —¿Acaso soy tu invitada de honor? —Cuestioné entre risas.  Él me vio por el rabillo del ojo, dedicándome una sonrisa socarrona. —Más bien serías una intrusa, si lo piensas mejor.  Hice un gesto fingiendo estar ofendida. —Tú me lo pediste.  —Pero no te obligué. —Replicó desafiante.  —Lo pusiste como condición para ayudarme a regresar.  Christopher bufó y luego me hizo un ademán de que lo siguiera. El siguió por el pasillo en dirección a las habitaciones, por lo que me detuve por un momento cuando vi la misma puerta asegurada con un candado por la que entré la última vez que estuve en aquella casa. Ahí estaba la misma mesa, sin embargo la jarra que había visto en la dirección, no estaba esta vez. Por lo que deduje, se podía tratar de la misma jarra. Pero mi pregunta en ese entonces era, ¿qué tenía de especial aquella jarra? —¿Buscas algo? —Preguntó Christopher con una voz bastante profunda que me hizo sobresaltar.  Negué con la cabeza de inmediato. Él me observó con los ojos entrecerrados y luego se fijó en lo que creía que estaría viendo. No pareció muy convencido con mi reacción. Siguió caminando en dirección a su habitación y yo simplemente lo seguí.  Cuando entramos me fijé en lo diferente que se veía su habitación de la de cualquier otro chico humano con aparentemente su misma edad. Sí, digo aparente porque pese a que Christopher pareciera a simple viste tener unos 20 años, en realidad tenía más de 50, todo debido a su condición de vampiro.  Aquella habitación se veía un poco vacía, la ausencia de una cama era lo más notorio. Así que efectivamente, no dormían, como nos habían enseñado. Fuera de eso apenas había un sofá con algunas prendas de vestir regadas sobre, un viejo escritorio y una silla al pie. Sobre la mesa, se hallaban montones de libros desparramados sobre la superficie de madera, parecían bastante viejos. Alcanzaba a descifrar que eran de historia.  ¿Para qué estudiar historia si eres inmortal? Pensé en ese momento.  —Es mi espacio solo para tener algo de privacidad. —Comentó.— Como te darás cuenta, no hay cama porque no la necesitamos. —No duermen. —Añadí en voz baja y el asintió. —Ocupamos ese tiempo para hacer cosas más importantes. —Señaló, restándole importancia a aquella actividad.  —¿Cosas más importantes como qué? —Cuestioné.— ¿Asesinar animales? Él me observó por un momento y sentí su mirada filosa clavarse en mí. Claramente no le había hecho gracia aquel señalamiento.  —A ver, ardilla. —Se acercó a mí lentamente, y yo me vi obligada a retroceder, invadida por los nervios.— Entiendo que a ustedes, los niños, les han inculcado un estereotipo sobre los vampiros, donde nos hacen ver cómo unos homicidas sangrientos, debido a la rivalidad. ¿Pero sabes algo? —Me sujetó de la mandíbula obligándolo a ver sus grandes ojos negros, aún más de cerca.— Estoy totalmente dispuesto para demostrarte que no somos tan malos como crees.  Por un momento lo dudé. Para serles sincera, pese al tiempo que ya había podido compartir con Christopher y hasta entonces no se había mostrado intimidante conmigo, fuera del hecho en que constantemente me recordaba que si a él le diera la gana, hace rato me hubiese devorado. Pero en aquel instante vi algo en los ojos de Christopher que me hacía creer en él, sentía que me estaba hablando con la verdad. Así que le di la oportunidad. *** En menos de lo que canta un gallo, nos habíamos dirigido al bosque. Era de tarde, a eso de las 4, a esa hora debería estar saliendo de la Academia para ir camino a casa, pero no, estaba fuera de Klimore, acompañando a un vampiro a hacer “cosas importantes” tal y como él mismo se había referido hace un momento. —Te seré sincero, ardilla. —Soltó de repente una vez nos detuvimos junto a un enorme árbol de roble.— Lo que les han dicho de que nos alimentamos de sangre es totalmente cierto, incluso tú misma lo comprobaste cuando fuiste de metiche a aquella habitación. —Lo fulminé con la mirada.— Pero tienes que saber que no somos asesinos. O bueno, la mayor parte de nosotros no lo es. Así como también pasa con ustedes; una parte de los humanos son malos.  Asentí con la cabeza. De acuerdo con su manera de pensar. Christopher tenía razón, entre nosotros también había gente mala. Una que otra oveja descarriada que tienen pensamientos oscuros y malintencionados, pero al fin y al cabo los buenos éramos más. Y eso por lo visto, también ocurría en el mundo de los vampiros.  Christopher levantó su brazo y me indicó algo a unos metros de nosotros. Se trataba de un venado que pastaba tranquilo en medio de un área despejada e iluminada en medio del bosque.  —No lo hagas Christopher. —Le supliqué sujetándolo del brazo y él observó mi agarre algo condescendiente.— No enfrente de mí, por favor.  —No pasará nada grave, te lo juro.— Contestó y sin esperar respuesta alguna por parte de mí, fijó sus ojos nuevamente en el venado.— Solo te mostraré cómo nos alimentamos normalmente. Lo acecha por un momento, analizando todos sus movimientos. Entonces se decide por acercarse lentamente mientras le habla, como si estuviera intentando ganarse su confianza. El animal retrocede un poco, asustado pero al mismo tiempo a la defensiva, sin embargo Christopher se muestra pacífico y pronto empieza a ceder. El vampiro se acerca cada vez más, hasta llegar a su lado y empezar a acariciarlo. Pasó unos segundos así, hasta que se inclinó sobre su cuello y lo mordió, provocando que el animal chillara fuertemente y yo tuve que apretar los ojos, por la impresión. Sin embargo, no alcanzaron a pasar más de cinco segundos en los que él lo soltó. El venado jadeó un poco y Christopher estuvo un par de segundos acariciándolo, hasta que finalmente el animal se fue corriendo. —Nosotros sabemos en qué momento detenernos. —Dijo ubicándose nuevamente al lado mío y yo si un respingo.— Solo tomamos una parte de la sangre del animal, la suficiente para dejarlos con vida y estables.  Asentí con la cabeza comprendiendo todo, hasta que noté que tenía un poco de sangre en el labio. Deslicé mi pulgar por el sitio, limpiándolo. Entonces él cerró sus ojos y suspiró. Agarró con firmeza mi mano y mi corazón latió con fuerza. Christopher se llevó a su boca mi mano y con delicadeza, lamió los restos de sangre. Llevada por el miedo a quité con brusquedad mi mano.  —Nosotros podemos ser muy cuidadosos al contenernos, —dijo entre jadeos.— Pero a cualquier vampiro no puedes hacerle eso tan… Provocador. —Levantó sus ojos y me observó con sus ojos oscuros.— Aunque yo ya he aprendido a controlarme. —¿Cómo? —Le pregunté con algo de miedo. —Desde que te conocí.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR