Capítulo 7

1629 Palabras
Capítulo 7  Revelaciones.  —¿¡Y qué hacía esa chica allá!? —Chilló con frustración Erika cuando le contaba sobre la aparición de la misteriosa chica en casa de Christopher.  —¡No lo sé! —Respondí agitando los brazos exasperada.— Lo único que sé es que esa chica es alguna especie de amiga o qué sé yo… Lo digo porque llegó sin avisar y… Sola. —¿Amiga? —Repitió mi amiga pensativa y luego me dedicó una sonrisa socarrona.— Ya quisieras tú que solo fuese una amiga. ¿Qué tal si es la novia? Cuando Erika arrojó la pregunta, sus palabras se repitieron por un momento en mi mente. ¿De verdad Christopher podía llegar a tener una novia? No entendía cómo podía existir esa posibilidad para un sujeto tan frío y que mayormente se comportaba como un completo cretino. Entonces recordé lo que pasó ese día con la llegada de aquella mujer.  ~ ~ ~ ~ ~ Christopher se giró hacia aquella chica y la observó de pies a cabeza.  —Como siempre Jace… Tan inoportuna. —Le lanzó una sonrisa ladeada y luego se dirigió a mí.— Pero ya que estás aquí, quiero presentarte a Hailey. Hailey, ella es Jace.  Aquella mujer quien parecía llamarse Jace, se giró hacia mí con una expresión desdeñosa, incluso más fulminante que la que usualmente mostraba Christopher. Sentí sus lúgubre ojos recorrerme el cuerpo por completo, a leguas se notaba que desconfiaba de mí, tal vez porque nunca me había visto por estos lados o porque ya había descubierto mi verdadera identidad.  —Hola. —Saludé esbozando una tímida pero amigable sonrisa que pudiese liberar aquella tensión.  Me observó con el ceño fruncido y luego se volvió hacia Christopher.  —¿Por qué demonios te preguntó si habías participado en la guerra? —Cuestionó y yo sentí que mis manos pronto empezaron a sudar.  —Ella es de un clan lejos de aquí. —Contestó él, rápidamente.— Vino del Norte.  Jace entrecerró los ojos aún sin estar del todo convencida. Christopher se volvió hacia mí y yo asentí con la cabeza sin refutar.  —¿Qué clan? —Preguntó insistente la chica.— ¿Que cara…? Oye, Christopher. ¿Ese no es tu jersey? —Me señaló. —Basta Jace. —Se apresuró a decir el pelinegro.— Déjala en paz. Sabes que los del Norte son bastante tímidos y pacíficos… Mejor dicho, dime qué es lo que haces acá.  Ella frunció el ceño y su boca se abrió claramente ofendida.  —Ayer me pediste que viniera. —Le reclamó— ¿No lo recuerdas?   Christopher parecía confundido por un momento pero luego sus ojos se abrieron de par en par cuando pareció recordar algo y se dio una palmada en la frente. Entonces vio por un momento a Jace y luego se volvió hacia mí.  —Espérame aquí un momento. —Añadió y yo asentí algo confundida. Aunque quisiera irme no podía, no conocía el camino de regreso y él era quien me estaba protegiendo mientras tanto, claramente no iba dejar la casa sin él.  Entonces le hizo un ademán a Jace para que lo siguiera en su camino hacia una de las habitaciones. Ella obedeció sin vacilar, no sin antes dedicarme una última mirada desdeñosa. Era muy parecida a Christopher, era un poco más alta que yo, poseía  complexión delgada y aparentemente frágil, pero de expresión ruda. Su tez extremadamente pálida cubierta para una chaqueta de cuero y un vestido n***o con mallas que apenas cubrían sus largas piernas. Igualmente, el cabello n***o azabache suelto y algo despeinado en una ondas que caían hasta un poco más abajo sus hombros, bastante atractiva pero al mismo tiempo intimidante.  Ambos se introdujeron en la habitación y a mí no me quedó de otra que seguir curioseando entre las cosas que habían en la sala de la casa de Christopher. No había casi nada fuera de lo común, a diferencia de las enredaderas y la ausencia de una cocina, el hogar de una familia de vampiros aparentemente no era tan diferente al de una familia humana. Bueno, eso creí hasta que me di cuenta que había una puerta en la que no me había fijado.  ~ ~ ~ ~ ~ —¡Hailey!  —Exclamó fuerte Erika y yo sacudí mi cabeza volviendo nuevamente a la realidad.— Vaya que te pone mal hablar de esto. O es que acaso… ¿¡Estás celosa!?  Mis ojos se abrieron de par en par y me vi obligada a chistarla cuando algunos ojos que deambulaban por los pasillos de la Academia, se fijaron en nosotras, observándonos con rareza. ¡Vaya que era escandalosa la felina!  —¡Cállate! —Le susurré y ella soltó una risotada.— Ayúdame más bien a buscar lo que me pidió Christopher.  —¡Mi bello c*****o! —Celebró con una sonrisa de oreja a oreja.— Ya mamita Erika tiene todo preparado.  Si algo caracterizaba a Erika era esa astucia y sagacidad cuando se proponía hacer algo. No había terminado de comentarle lo que tenía pensado llevarle a Christopher para que conociera nuestro mundo, cuando ya estaba ideando un plan maestro para conseguir las cosas. Si no fuera así, entonces ¿por qué estaba siendo prácticamente arrastrada por mi mejor amiga recorriendo los interminables pasillos de la Academia Klimore?  Estuve a punto de preguntarle a dónde carajos pensaba llevarme, pese a que confiaba plenamente en Erika, sentí cierta preocupación cuando los pasillos se hallaron solitarios y el área se veía algo abandonada. Nunca había estado en aquel lugar de la Academia, de hecho no sabía que existía una zona como esa.  —¿Dónde estamos..? —Alargué justo en el momento que nos detuvimos.  —Hailey… —Llamó y me giré hacia ella, entonces me indicó justo debajo de unas escaleras.— Él es Edward.  Justo debajo de las escaleras, se hallaba un delgado chico con lentes y cabello despeinado, encorvado y concentrado totalmente en un computador portátil que estaba conectado a otros aparatos. Lo curioso era que este chico llevaba el uniforme de la Academia, pero con el escudo distintivo de la clase de los Homine Virtute. —Edward sabe todo acerca de los sistemas de seguridad que se utilizan no solo en la Academia sino en todo Klimore, Hailey. —Comentó Erika y yo no podía dejar de ver al chico que no parecía siquiera haber notado nuestra presencia en el lugar, pues seguía con la mirada fija en su computadora.— Un completo “geek”.  —Gracias por el reconocimiento. —Ironizó Edward apenas audible.  —Ah pero sí habla. —Añadí con algo de sorpresa porque en todo el rato no había musitado una palabra. —Así es. —Dijo Erika.— Y es quien nos va a ayudar a conseguir la información que necesitamos. ¿Pudiste?  —Por supuesto. —Contestó con el mismo tono.— Tengo preparadas las cámaras de seguridad y los chips de anti-rastreo. Será sencillo, se implantan el chip en los uniformes y cuando ingresen a la dirección, sala que pisen, sala que se deshabilitarán las cámaras lo que permitirá desbloquear las puertas de los accesos privados y podrán conseguir la información que desean. Los chips cuentan también con un micrófono que me servirá para comunicarme con ustedes en caso de que vea que se acerca algún intruso. Sin embargo bloquearé las puertas para que se escondan en caso de que sea necesario.  Erika y yo intercambiamos una mirada, ambas de asombro. Sorprendidas por la habilidad que tenía Edward para manejar la tecnología con tanta facilidad y a su antojo. Si este chico quisiera, sería el dueño de todo Klimore. Sin embargo, si algo sé, es que todo lo que brilla no es oro y todo el esfuerzo que estaba haciendo este chico por nosotras, no iba a ser en vano.  —¿Qué quieres a cambio? —Lancé sin vacilar.  —¡Hailey! —Me reprendió en voz baja Erika y en los labios de Edward se formó una pequeña sonrisa triunfante.  —¿No le has dicho aún? —Preguntó el chico y yo fulminé con la mirada a mi disque mejor amiga. Ella solo se limitó a poner una expresión de cachorro desamparado.  —Erika… —Alargué.— ¿Decirme qué? —Edward quiere saber para qué hacemos todo esto. Quiere ser parte de nuestro plan.   —Fruncí el ceño confundida y algo molesta por revelar esto que se suponía que era totalmente confidencial, entonces ella puso sus manos en alto.— Antes que me mates, quiero decirte que Edward ya lo sabía todo.  —¿Todo?  Entonces el susodicho por primera vez, de todo el tiempo que llevábamos aquí, despegó la mirada del ordenador y se fijó en mí. Entonces giró una de las pantallas que tenía conectadas y me enseñó un vídeo. En él se podía ver una parte de la barrera de Vellkron que separaba Klimore del mundo vampírico, segundos después aparezco yo tratando de buscar algo a través de la barrera, finalmente cruzándola con algo de dificultad donde se alcanza a ver que parte de mi falda se queda incrustada en una de las ramas cuando ya me encuentro del otro lado.  —Malditas cámaras… —Musité con impotencia.  —Sería una lástima que estas grabaciones llegaran a manos del prefecto. —Comentó Edward con fingida condescendencia.— Piénsalo Hailey. Yo podré ayudarlas en todo lo que necesiten, seremos un gran equipo.  Erika y yo intercambiamos una mirada. No sabíamos qué hacer, pues incluir a alguien más en esto podría ser aún más arriesgado. Aunque ese fue el precio que decidí pagar una vez crucé la barrera e hice aquella promesa a Christopher.
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