Entonces ya sabes qué hacer. Mi subconsciente tiene razón. —No, para, Santiago— digo para que deje de acariciar mi cuerpo. —¿Qué pasa? — me pregunta confundido. —No puedo acostarme contigo, nos acabamos de conocer, eres mi jefe. —Entiendo, voy a dejar que cada cosa se dé a su tiempo, tendré calma. —Gracias por entenderme— asiente y me besa. —Yo voy a esperarte, Lea— me siento tan bien cuando escucho esas palabras de su boca. Es tu oportunidad para que le preguntes quién es aquella mujer que estaba en su oficina. —Santiago, ¿Quién era esa mujer que estaba en tu oficina? —N-No te lo puedo decir ahora. —Santiago, no quiero que haya secretos entre nosotros porque nosotros — me interrumpe. —No tenemos ni un mes conociéndonos y ya quieres saber demasiado de mí, quieres que te diga to

