Narra Alejandro. La mañana siguiente, regresamos al hospital para ver cómo había amanecido Valeria, durante toda la noche no pude dormir, solo pensaba en que ella estaba sola, y que no había nadie para cuidarla, pero incluso eso era mentira, habían doctores y enfermeras pendientes de su salud. Al rededor de las 8:05 de la mañana, entramos en la habitación donde estaba Valeria. Ella estaba tomando un poco de jugo de naranja, tan rápido nos vio, sonrió. —Buenos días— Dijo con una sonrisa. —¿Cómo estás?— Pregunté. —Estaré bien— Respondió con voz débil. —Nos alegra que estés bien Valeria, hoy estarán fumigando la hacienda completa, no puede ser que eso esté pasando— Dijo Brígida. —Que bueno, tengo miedo estar en mi habitación nuevamente— Respondió de buen ánimo. —Vamos a salir para dej

