capítulo 11. Espejismos

1302 Palabras

la parte más detestable de su nueva vida, era la de ponerse en corsé, Roseta tiraba de las cintas como si su vida dependiera de ello, y Marianne, entre mareos y súbitas pérdidas de aire provocadas por el accesorio de las más altas esferas de la sociedad, mandaba maldiciones a cualquiera que haya sido el inventor, si, debió ser un ser despiadado en su intento por maltratar constantemente a las mujeres. --¡basta Roseta! No puedo respirar – estaba sujeta a uno de los muros de su habitación, con la cara roja del esfuerzo --Lo siento mi señora – la joven estaba apenada, y de inmediato amarró las cintas para terminar de colocarle el vestido y terminar de arreglarle el peinado, por algo Roseta era la encargada de asistir a la futura reina, era la doncella que mejor hacia los peinados y a Maria

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