Capítulo Treinta: Nuevo Amanecer.

1956 Palabras

La fiesta que le organizara Frida a Ally dejó que la relación entra ambas chicas se estrechara, y no solo entre ellas, ya que el segundo beso que se diera con Stev, había sido más allá de mágico. Los pies de la chica parecían flotar en el aire desde que se levantó esa mañana. Su padre ya no estaba en casa, puesto que había regresado de viaje apenas un día atrás. La vida en el trabajo de la chica había sido la misma de siempre, sin ningún cambio demasiado grande, sin embargo, podía sentirse diferente, con alguna que otra mariposa revoloteando por su estómago sin permiso alguno. En parte sentía que volvía a ser una niña ilusionada con la vida y con el amor. Revisó en su laptop la lista de reproducción que tenía en esos momentos para activar todas sus energías, y aunque era día de limpieza

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