—Hola Mandy ¿cómo estás? Mi amiga Vera que hacía meses no sabía de ella me escribió y me dio tanto gusto leerla. —¡Hola, que gusto saber de ti! —A mi también me da gusto, pero mejor te llamo ¿va? Enseguida entró su llamada y comenzamos a charlar como si nos hubiéramos dejado de ver ayer. —No sabía que estabas de regreso, yo ando ahora en San Luis, pero en un par de semanas iré a la boda de una prima, me encantaría verte. —A mi también, me dices y nos vemos para comer o algo. —Dime cómo te ha ido, Mandy. Asumo que si estás en Valladolid de nuevo es porque tú y Arturo se separaron. —Así es Vera, hace unos meses lo dejé —suspiré recordando aquel momento en el que al fin me armé de valor para ir a recuperar mi vida —tomé a mi hijo y me vine a casa, entré a trabajar y han pasado cosas —

